Prosa del mundo

Augusto Serrano López

el despiste de la izquierda

 

EL DESPISTE DE LA IZQUIERDA

¿Y qué importa errar lo menos, si acertó lo demás?, decía el Rey sobre la acción del Alcalde de Zalamea. Pero, ¿qué decir de un Gobierno socialista, cuando acierta en lo menos, pero yerra en lo demás?

Hace unos días, Joseph Ramoneda (en El País) le echaba en cara, con razón, al gobierno de Zapatero el haber perdido hasta los más elementales sentidos del socialismo y de la izquierda, al tratar de presentar timoratamente medidas de tono social legítimas y necesarias como la protección a los desempleados o la atención a la inmigración con argumentos de derechas, en lugar de señalar contra viento y marea que es asunto de elemental justicia social lo uno y de elemental humanidad lo otro o al no criticar los sobresueldos de los banqueros por ser una ignominia injusta ahora y siempre, sin importar si se está en crisis o no.

Pero el despiste ideológico es de mayor calado aún si cabe.

Yo diría que la argumentación central del deshilachado programa de gobierno que le va quedando al PSOE por tener que ir pactando con tan diferentes fuerzas políticas va encaminada a justificarse frente al capitalismo más clásico, como pidiendo comprensión por lo que se hace que, aunque se proclama que persigue reconvertir el modelo económico que nos llevó a la crisis, de hecho, intenta volver cuanto antes a los niveles de crecimiento anteriores a la crisis. La luz al final del túnel se vislumbra como la vuelta a los años pasados y los “brotes verdes” son un barrunto de lo ya conocido. No hay una postura clara y valiente de izquierda. El discurso oficial del Gobierno oculta en su ambiguo lenguaje los fines capitalistas clásicos a los que va dirigida  la acción política. Por eso coinciden casi en todo Merkel, Sarkocy y Zapatero.

No es posible cambiar el modelo capitalista que nos agobia y que nos ha arrastrado hasta la situación actual, sin comenzar a cambiar sus cimientos.

No se trata de superar la ley del valor o de anular el mercado (eso sería revolucionario), sino de intentar subordinar sus tendencias a la voluntad de los agentes y, ante todo, se trataría de subordinar las grandes fuerzas de la producción y del mercado a fines sociales de los llamados sostenibles, esto es, aquellos fines que buscan la justicia social y la recreación inteligente de la naturaleza. Exige la presencia activa de los Gobiernos, porque no se puede dejar la suerte del planeta Tierra en manos del mercado.

Que esto exige nuevas tecnologías, nuevo sentido de crecimiento económico, nuevos modos de participación política ciudadana y nuevas fuentes de energía se suele proclamar, pero no parece que con mucho convencimiento, pues, de lo contrario, los presupuestos del Estado nunca tratarían de ahorrar en Educación, en Investigación, en Desarrollo o en Innovación como parece que se pretende hacer este año.

Salir en auxilio de los bancos con dinero público, sin exigirles con todo rigor contrapartidas sociales; animar con dinero público la compraventa de más y más automóviles contradiciendo la preocupación que se dice tener por el cambio climático; buscar a como dé lugar el crecimiento económico basado, de hecho, en las mismas líneas de producción, cambio y consumo que nos llevaron a la crisis exhibe un despiste ideológico de muchos quilates. Es como trabajar bajo la certeza de que no hay alternativa.

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2 agosto 2010 Posted by | Uncategorized | Deja un comentario

pensar

¿Piensan también otros seres vivos de esta Tierra? Y, si piensan, ¿pensarán del mundo como pensamos nosotros? No lo sabemos y quizás nunca lo sepamos.

Pero pensar es sobrepasar. Denken heisst überschreiten nos dijo E. Bloch, es transgredir, es “ir más allá”, pero es ir más allá, ¿de qué?

Desde el momento en que por el pensamiento podemos ir reversiblemente al pasado y recorrer el espacio sin traba alguna y a mayor velocidad que la de la luz (algo “sobrenatural”, si hemos de dar por cierta la afirmación de Einstein de que nada discurre en este universo a más velocidad que la de la luz), desde ese momento estamos yendo más allá de la mera y material corporeidad, ¡la estamos trascendiendo!

Lo curioso y paradójico es que ese pensar es un pensar del cuerpo y desde el cuerpo y, por ende, también algo corporal y, de alguna manera, material. Sólo piensan los vivos. Y, a la vez, es como si no fuese del cuerpo, pues logra a veces discurrir sin permiso del cuerpo, como si tuviera vida propia y nos causa trastornos y pesadillas que en nada deseamos. Es o puede ser muy rebelde: “En el saber se hallan reunidas muchas cosas que los reyes con todos sus tesoros no pueden comprar, sobre las cuales su autoridad no pesa, de las que sus informantes no pueden darles noticias y hacia cuyas tierras de origen sus navegantes y descubridores no pueden enderezar curso. El pensamiento es el siervo a quien el señor no puede detener  según su placer” (Francis Bacon).

Es por el pensamiento que nosotros, seres humanos, tenemos la experiencia anticipada de la muerte. Y, por el pensamiento, sabemos ya que nuestra especie homo sapiens y la Tierra donde vivimos y el sistema solar cambiarán un día de forma y perecerán tal como son hoy.

Por el pensamiento recorremos hacia atrás en el tiempo reversiblemente (y no sabemos de otra dimensión de este universo que pueda hacer lo mismo) y por el pensamiento podemos anticipar futuros ciertos y otros diversos futuros posibles, dándole así a nuestra existencia corporal e histórica una dimensión hacia atrás y hacia delante de increíble extensión y profundidad.

El pensamiento nos ancla en el mundo y nos permite ver el lugar que ocupamos en la extensa red del universo.

¿Seremos los únicos seres de este mundo que piensan de estas maneras?

Pero, ¿qué es, en realidad, pensar?

Creo que es un acto reflexivo por el que “nos damos cuenta”, esto es, nos rendimos cuenta a nosotros mismos acerca de los más diversos asuntos de este mundo. Aunque quizás sea más apropiado decir no tanto que “nos rendimos cuenta”, cuanto que intentamos rendirnos cuenta, porque no siempre lo logramos. En todo caso, pensar es, al menos, ese intentar, aunque no siempre se consiga. Cuando se consigue redondear este “darnos cuenta”, diríamos que “nos damos cuenta y razón” de algo, porque darnos cuenta o intentarlo sucede siempre, pero darnos además razón de ello es otro cantar.

“Darse cuenta de” decimos tan de pasada que quizás olvidemos el reflexivo “se” que acompaña siempre este decir. Porque, antes de rendir cuenta a otros, el sujeto que piensa ha de haberse rendido cuenta a sí mismo, esto es, el pensamiento ha de haber realizado este bucle que se nutre de interioridad para salir a la exterioridad y comunicarse.

La comunicación humana no deja de ser esa rendición de cuentas que mutuamente nos debemos los unos a los otros.

Si pensar fuese algo parecido a lo que venimos diciendo, a lo mejor no estaba tan desacertado Descartes cuando decía “pienso, luego existo”.

Al gran pensador francés se le ha criticado desde multitud de posturas y, casi todas ellas, venían a decir que del simple pensar no cabe deducir la existencia: “Yo pienso, luego existo, se sabe que fue declarado por Descartes como una de las primeras verdades… Sin embargo, yo no sólo soy consciente de mí como el sujeto que piensa, sino que también soy consciente de los pensamientos que pienso y tan verdadero y cierto como que yo pienso es que esto o aquello es pensado por mí. Y así las verdades de hecho primitivas se puede reducir sin dificultad a estas dos: “YO PIENSO” y      “MUCHAS SON LAS COSAS PENSADAS POR MI”, de donde se deriva no sólo que yo existo, sino también que yo estoy determinado multidimensionalmente” (G. W. Leibniz: GP.IV, 357).

Pero pensamos y pensamos que pensamos. Pensamos sobre el pensamiento y sobre lo que el pensamiento pueda ser. Y Descartes bien pudo decir que, si pensamos en el sentido de “darnos cuenta de”, entonces no hay más remedio que aceptar que existimos, que existimos de alguna manera, que estamos ahí al menos pensando que pensamos y esa sería una de las posibles formas de existencia, porque sólo puede pensar quien existe.

¿Haría falta rizar el rizo y llegar a decir con muchos de los intérpretes del francés que, en realidad la certeza vendría del “dudar”, que es una de las tantas formas del pensamiento? Dudo de todo, pero hay una cosa de la que no puedo dudar: no puedo dudar de que estoy dudando y, como dudar es pensar, ergo…

No dice Descartes que la existencia dependa del pensamiento. Sólo afirma que hay un ser que tiene la certeza de estar existiendo, esto es, que, en tanto piensa, se está rindiendo cuenta a sí mismo y, por eso, se está dando cuenta de que está existiendo: que está en el mundo, que está ahí. De donde ahora cabría preguntar: ¿Sabrán todos los seres vivos de este planeta que existen? ¿Podrán darse cuenta a sí mismos de esa realidad? Y, si no se diera el caso, ¿qué forma de vida sería aquella que no es capaz de rendirse a sí misma cuenta de su existencia? Es decir que el árbol estaría ahí, pero no lo sabe; que la mariposa estaría ahí, pero sin saberlo; que tampoco lo sabe el gorila ni lo sabe el delfín ni nuestro más fiel compañero, el perro. Pero, si no saben de su existencia, porque no se rinden cuenta de la misma, esto es, porque no piensan, entonces tampoco pueden tener conciencia anticipada de la muerte. La muerte es parte de la existencia concreta de los seres vivos y tener conciencia de la existencia por el pensamiento, incluye la conciencia del límite de la misma.

Querer reducir el pensamiento a sólo interconexiones entre las neuronas del cerebro y aunque de eso también se trate al pensar, exigiría generalizar el pensamiento a todos los seres con cerebro, desde el mosquito y la ballena al ser humano. Lo que ya no estaría tan claro y se debería poder precisar es si llamaremos “pensar” a toda conexión sináptica – que, con seguridad, han de tener todos los animales- y, ante todo, si vamos a seguir llamando pensamiento sólo a la actividad cerebral que consista en “rendir cuenta de” las relaciones con el mundo. Volvemos a decir: no precisamente a “dar cuenta y razón de”, que eso sería un nivel máximo de pensamiento, sino al menos complejo (¡pero nuca simple!) proceso cerebral de “darse cuenta de”.

Estar ahí sin saberlo. Existir, sin darse cuenta de ello. Pasar por el mundo “sin más”. ¿Será tanto como pasar por el mundo sin “más allá”? Si así fuese, entonces pensar sí sería  überschreiten, ir más allá, transgredir, pasar un límite, generar otra dimensión, en fin, trascender.

Si sólo el ser humano tuviese esta cualidad del pensamiento, diríamos que al universo le nació un día no muy lejano una dimensión que, siendo parte del universo mismo, no deja de serle extraña y aún contradictoria, porque no parece estar sometida como todo lo demás a sus leyes más universales. Pensar sería, como parece ser por todo lo que nos dicen desde las Neurociencias, efectivamente una operación del cerebro (¿sólo del cerebro?), órgano éste que, como también se sabe, está sometido a la Entropía y, por ello, es perecedero y con el tiempo se desvanece. Hay gente que usa, como sinónimo de pensar, el término “cranear”. Pero he aquí que ese mismo cerebro entrópico y perecedero, mientras está vivo,  produce, genera el pensar que ya no se deja gobernar por aquella legalidad de la entropía ni por otras leyes físicas, pues ni la temporalidad ni la especialidad le imponen restricciones al discurrir por ellas a capricho, yendo y viendo en el tiempo como si fuese eterno, pues logra ir hasta los orígenes del universo, fecha mucho anterior al momento en el que presumiblemente apareciera ese cerebro sobre las sabanas de África como cualidad emergente de un  ser bípedo y erguido que oteaba horizontes extraños. Y logra anticipar el futuro y, en cierto modo, poseerlo por adelantado deslizándose por las amplias llanuras de la proyección, de la predicción y de la fantasía.

        ¡Qué cosas más sorprendentes tiene este mundo!, pienso yo y no dejo de darle al pensamiento, porque me doy cuenta de que esto no acaba aquí. Hay que seguir y seguir pensando, hasta darle cima al pensamiento como quería Miguel Hernández: “dale al aspa molino, hasta que se haga trigo; dale al monte lucero, hasta que se haga cielo; dale que dale” que dale…hasta la eternidad.

2 agosto 2010 Posted by | Uncategorized | | Deja un comentario

Por la unidad soñada

Cuando España abandona Norte, Centro y Suramérica hacia 1830, de los aproximadamente veinte millones de habitantes de tan extensos territorios, sólo tres hablaban español. Es decir,  después de tres siglos, ¡sólo una de cada ocho personas hablaba la lengua de Cervantes!

            Durante trescientos años, los misioneros habían estado cristianizando a los nativos no en español, sino que, para ser más efectivos, habían aprendido las lenguas amerindias y desde ellas habían realizado su misión. De ahí que muchas de ellas (como el quechua o el nahua) no perecieran.

            De modo que fueron los nuevos Estados Republicanos independientes los que, para universalizar sus políticas y hacer Estado, promovieron oficialmente el español como idioma nacional, logrando así en apenas cien años que las grandes mayorías hablaran español o lo entendieran. Eso hace que hoy, a 200 años de la independencia, desde Río Grande a la Tierra del fuego, con algunas islas linguísticas, tengamos un territorio inmenso, con más de cuatrocientos millones de habitantes hablando, legislando, rezando, cantando,  discutiendo, enamorando, articulando sus ideales y deseos en la misma lengua.

            Cuatrocientos millones que hablan la misma lengua; que celebran nacimientos, se casan, entierran a sus muertos con ceremonias parecidas; tierras del maíz y del frijol, de la papa y del cacao, del quetzal y del cóndor y del más amplio y rico  mestizaje humano de la Tierra, ¿podrán algún día celebrar su unidad diferenciada para bien de todos?

            Quienes vean en intentos como el de la Cumbre de la Unidad de América Latina y del Caribe de Quintana Roo (México) sólo fantasías desbocadas por su utopismo, es que no perciben cosas tan elementales como éstas: que ni USA en el siglo XVIII, ni Europa en el siglo XX dispusieron de bases tan homogéneas y propicias como la América Latina y el Caribe de hoy para dar este salto trascendental hacia su vertebración política y económica.

            Se dirá que Valle y Bolívar ya tuvieron este sueño y quedó en sueño. Pero lo de Quintana Roo no ha sido fruto de ningún sueño, sino de una necesidad que alza el grito por los cuatro costados de Latinoamérica y del Caribe para poder conseguir grados de autonomía y bienestar dentro de este vendaval de la globalización.

            Se podría aplicar aquí aquella secuencia lógica medieval que se atribuía al mismo Dios: potuit, decuit, ergo fecit ( pudo hacerlo, convino que lo hiciera, luego lo hizo). Se puede hacer la unidad porque las condiciones comienzan a madurar, conviene hacerla, luego hagámosla.

            Y ya se sabe: que hablando (¡aún entre cuatrocientos millones!) se entiende la gente.

2 marzo 2010 Posted by | Uncategorized | Deja un comentario

¿VOLVER A CRECER?

 

¿Por qué se cree que la crisis la habremos superado cuando volvamos a crecer y crecer y crecer en lo mismo y de lo mismo?  Se habla de “brotes verdes” cuando aumenta otra vez la producción y venta de automóviles, cuando aumenta otra vez la venta de viviendas, cuando aumenta otra vez la concesión de créditos bancarios. Los bancos están otra vez exhibiendo ganancias millonarias, la bolsa comienza a jugar en el riego, como con las pymes,  ahora con los sistemas de pensiones, esperando que los pensionistas se mueran cuanto antes para lograr ganancias estratosféricas.

¿Crecer para superar la crisis? ¿Acaso no surgió la crisis de un momento de crecimiento inédito por su magnitud? El despliegue económico asombroso de los “Tigres de Asia”, las tasas del doce por ciento del crecimiento de China, las de la India, las de Brasil y hasta las de la misma España. ¿Habiendo otra vez niveles bajos de desempleo, sin importar en qué estarán ocupados los millones de trabajadores, habremos superado ya la crisis? ¿Produciendo otra vez automóviles y polución y armas y petróleo y gas y viviendas y carreteras sin cuento…?

¿Qué forma de reproducción de la vida es ésta que se cree insuperable en la medida en que no concibe otra salida de su estancamiento que la de volver a hacer lo mismo y en los mismos o mayores ritmos y niveles?

“No lo saben, pero lo hacen”. Lo decía hace más de un siglo Carlos Marx. Y seguimos sin saber lo que hacemos ni por qué lo hacemos. Pero comenzamos a percibir que lo que se hace y los modos como se hace no dependen de nuestras voluntades, sino que hay algo así como una fuerza todopoderosa que nos arrastra a todos, naciones, gobiernos, empresas, familias a seguir estas formas de vida como si no hubiera alternativa.

¿Habrá mayor crisis que ésta?

Hay, por tanto, crisis, pero no es sólo económica.

Sobre todos nosotros gravitan unas formas que son, obviamente obra nuestra, pero que se han independizado de nuestras voluntades y actúan como si tuvieran “el alma en el cuerpo”: como si tuvieran vida propia. No debe, pues, extrañarnos que nos sintamos desorientados y que ni con los más potentes saberes de todas las ciencias modernas, seamos capaces de dar cuenta y razón de lo que nos ha impulsado hasta la situación actual ni de lo que nos está pasando, mucho menos de otear el futuro que nos espera o de generar soluciones fiables y promisorias. Quizás, porque esas mismas ciencias se han visto absorbidas en su orientación, en sus fines, contenidos y sentidos por ese vendaval que tratan de entender.

El horizonte de sentido se ha estrechado tanto que parece sólo mostrar hacia un rincón del universo que, cual agujero negro, se lo tragara todo.

Era visible y audible hacia la mitad de 2008 el vendaval económico que se cernía sobre España. El derrumbe de bancos e inmobiliarias retumbaba por todo el planeta y arrastraba consigo las otras mil dimensiones de la vida.

Pero le hemos dado la vuelta al calendario y, a más de doce meses de recesión, la desorientación es mayúscula, las opiniones sobre la situación son de lo más confuso y peregrino y la falta de soluciones argumentadas y fiables causa temor y templor.

No hay argumentación seria a la hora de opinar sobre la crisis. Cualquiera llega a los programas de radio y televisión o entra en las páginas de los periódicos para  decir lo que se le ocurre, sin otro aval teórico que su parecer particular (“yo – dice aquél- no soy economista ni experto en nada de esto, pero a mi me parece que la culpa la tiene Zapatero (o la Merkel o Sarkocy), por no haber tomado al toro por los cuernos a tiempo…”. Y se queda tan ancho y recibe su cheque por las tonterías que acaba de derrochar en público). En lugar de señalar razones, se personalizan culpas, como si en estos menesteres de la economía mundial hubiera una sola persona o un  gobierno tan fuerte que pudiera gobernar las situaciones. De hecho, se está dando por sentado que estas formas de vida se han salido ahora del cauce, pero que, en sí, no son malas; que se puede arreglar el capitalismo con sólo controlar ciertos excesos (Sarkocy dixit). En todo caso, si se acusa a Zapatero, por ejemplo, de no haber evitado la crisis o no saber salir de ella, se piensa (aunque no lo digan) que no es tanto por haber querido enmendarle la plana al sistema capitalista (al tratar de cuidar los programas de atención social), sino por no haber sido capitalista hasta las últimas consecuencia

21 septiembre 2009 Posted by | Uncategorized | Deja un comentario

Dime dónde están las armas

Recordando el inicio de la segunda guerra mundial,  se volvía a oír el día  1 de septiembre aquella desgarradora canción de la Marlene Dietrich “sag mir wo die Blumen sind/ wo sind sie geblieben” (dime dónde están las flores, dónde las dejaron) y se apagaban así, por un día, los otros horrores de la actual crisis económica mundial.

La canción se va preguntando por las flores, por las muchachas, por los hombres, por los soldados, por las tumbas, por las flores y acaba siempre con una pregunta de esas que no esperan respuesta: “¿qué ha sucedido?”.

Al día siguiente, el 2 de septiembre y guiado por la secuencia de esta canción, preguntaba yo con la misma perplejidad : “dime tú economista de lujo, presidente de gobierno, ministro de finanzas, asesor de la bolsa, experto en crisis, sabelotodo de los programas de televisión que has creído poder decir dónde quedaron los bancos, las empresas de automóviles, las inmobiliarias, las cajas financieras, el sector de servicios, los programas de pensiones, las ayudas al paro, la canasta básica…, dime ahora dónde están las armas, qué ha sido de ellas.

No se cansan de decirnos que la crisis es mundial, que es crisis total, porque afecta a todos los sectores y a todas las clases sociales. Pero yo preguntaría con aquel tono arrastrado y ronco de Marlene “sag mir wo die Waffen sind; wo sind sie geblieben…was ist gesehen“(dime dónde están las armas; dónde las dejaron…qué ha sucedido).

Dime dónde están en esta crisis las armas, donde las dejaron, qué ha sucedido, porque todo parece haber caído en crisis, pero nadie ha hablado de la crisis de la industria armamentística. ¿Qué ha sucedido con este sector?

Todo comenzó en septiembre, no sólo aquella maldita segunda guerra mundial. También en septiembre de 2008, nos dicen estos días, comenzó el derrumbe de la economía mundial con el derrumbe del mayor banco de Estados Unidos, el Lehman Brothers, que arrastró consigo a todo el sistema financiero mundial (se ha hablado de pérdida de trillones de dólares en esta crisis, ¿adónde habrán ido a parar?) y, con él, el sistema económico mundial “por falta de liquidez” y por la caída arrolladora de la demanda.

¿Y de las armas, qué decir? ¿Acaso cayó también la demanda de armas? ¿Bajaron los conflictos bélicos como bajó la inflación? Si las empresas tuvieron que cerrar algunas, despedir a miles de trabajadores otras al verse obligadas a bajar su producción por no encontrar demandantes y, sobre todo, por verse privadas de los créditos bancarios, ¿acaso tuvo la industria de las armas acceso sin problemas al crédito bancario o bien se financiaron con aquellos dineros que nadie sabe adónde fueron a parar? Porque resulta que USA, en su año de gran crisis,  ha vendido armas por 37.8 billones de dólares.

El narcotráfico, el trato de blancas, la economía sumergida, la producción y el mercado de armas constituyen un universo que discurre libre de ataduras, que mutuamente se nutre y que se ríe de las crisis mundiales, porque, más bien, se aprovecha de ellas.

El que paga por la compra de armas no tiene por qué pagar con dinero limpio (¡si es que ya lo hay!) y es obvio que, en esos momentos en los que cada banco y cada financiera se replegó sobre sí misma para ver qué deudas tenía, qué fondos le quedaban y qué futuro le amenazaba, se cerraron las ventanillas de la oferta de dinero y, salvo que nos hayan estado engañando de manera infame, el tráfico de armas –que no ha cesado, como no han cesado los conflictos bélicos en el mundo- ha tenido por fuerza que verse impulsado por dinero negro o dinero sabia y oportunamente lavado.

 Dime dónde están las armas. Dime tú qué ha sucedido con este sector del que no se habla.

Cada estrofa de la canción de Marlene acaba con la pregunta: wann wird man je verstehen? Que es como decir, ¿cuándo por fin nos daremos cuenta?

18 septiembre 2009 Posted by | Uncategorized | Deja un comentario

oposición

Si no fuese porque el asunto da lástima, tristeza y un cierto nivel de rabia, diríamos que hablar de “tradición parlamentaria española” da risa. Nuestra historia política ha tenido tan pocos y breves espacios reales de parlamentarismo que cabría escribirlos en muy pocas páginas y no todas brillantes.

Conocí a un diplomático español en el extranjero que el día que Felipe González ganaba sus primeras elecciones brindaba, siendo él de derechas,  junto a unos cuarenta españoles por el éxito de los socialistas y decía al levantar su copa: “brindo por los socialistas, que ya es hora de que la izquierda pruebe que sabe hacer política, porque la derecha viene gobernándonos desde Chindasvinto”.

Esa realidad antipolítica, destructora de ciudadanía, tan larga y tozuda es la única que podemos traer a colación los españoles para hablar de tradición política. La parlamentaria casi la estamos inventando desde hace apenas treinta años. Y no parece que con mucho éxito, porque el pueblo español, que se pasó tantos años privado de libertades y añorando la madurez política y la participación plena en los asuntos de la vida pública, apenas  en tres décadas parece haber perdido la confianza en su estrenado parlamentarismo y en las formaciones políticas que le dan vida.

Aunque, en fin, ya tenemos una Constitución democrática y unas leyes y reglamentos que, teóricamente, permitirían discurrir por la vida con ciertas garantías de libertad y convivencia pacífica y, de hecho y en buena parte, lo están consiguiendo.

Pero no me puedo acostumbrar a lo que la llamada Oposición está haciendo porque lo creo impropio de la vida política, cuando ésta se entiende como el proceso social  que genera ciudadanía y enriquece el ámbito de lo común, lo que es de todos.

Por eso me he puesto a releer la Constitución y otras normas legales tratando de buscar algún fundamento para la práctica política que estamos viviendo en nuestros días. El término que más he buscado es uno de los más usados y abusados de hoy, el término “oposición” aplicado a la o las formaciones políticas que conforman el Congreso de los Diputados pero que no ganaron las elecciones. Yo creía poder encontrarlo en la Constitución, pero ahí el concepto que apenas aparece dos o tres veces, significa lo que no me esperaba: es la oposición que el Gobierno o alguna de las Cámaras puede hacer como Cámara o como Gobierno a alguna ley, o propuesta, etc. Porque lo que se dice de lo que los grupos parlamentarios en las Cámaras deben hacer frente al Gobierno no es oponerse a él, sino controlarlo, que es algo muy diferente. Y me dije, será que esto se aclara en el Reglamento de las Cámaras y veo que en el   Reglamento del Congreso de los Diputados la palabra “oposición” como organización no existe. Lo que aparece en ese Reglamento, además del Gobierno, con su Presidente y sus Ministros, son los Grupos Parlamentarios conformados por los diputados de cada formación política que haya obtenido el número suficiente de votos para estar ahí y aparecen las Mesas y las Comisiones, etc., pero no aparece ningún “Grupo de la Oposición” ni un  “Portavoz de la Oposición”.

Pero he aquí que nuestros noveles partidos políticos (¡todos ellos noveles, pues el mismo PSOE que quiere retrotraerse al siglo diecinueve, no deja de ser una sombra de lo que aquel otro PSOE de Pablo Iglesias fue y el PC histórico ya pasó a mejor o peor vida!), todos ellos, PSOE, IU, PP, ERC, etc. están generando unas formas de relación política y un lenguaje que confunde a los ciudadanos y los confunde a ellos mismos.

Tomo como ejemplo las relaciones que estamos viendo estos últimos seis años entre Gobierno y la llamada Oposición (espacio éste de la Oposición que parece ocuparlo solamente el PP, pues los otros Grupos parlamentarios, aunque estén de vez en cuando contra del Gobierno, no se suelen identificar como tales).

Por cierto, escribo Oposición con mayúscula para comenzar resaltando el excesivo peso que la Oposición está teniendo en España (basta ver lo que hacen las emisoras que no bien ha dicho algo algún representante del Gobierno, se acude de inmediato a contrastarlo con la opinión de la Oposición, como si , de no hacerlo, el mensaje quedara incompleto), precisamente por la falsa e inapropiada función que cree deber asumir  y de hecho está asumiendo y, lo que es peor, por los destrozos que sobre lo político está teniendo en la conciencia social, en la llamada opinión pública.

Porque es el caso que los partidos políticos que no ganan las elecciones, sobre todo el que más cerca se quedó de ganarlas, deberían sentarse en el Congreso de los diputados para hacer política, esto es, para controlar la gestión del Ejecutivo. De donde la palabra  “Oposición” con que se menciona a tales partidos viene a desfigurar su función, ya que se asume que lo que han de hacer es oponerse a todo lo que el Gobierno proponga y, en la práctica política que estamos observando últimamente, eso de oponerse a todo, sea lo que sea, está resultando asunto de vida o muerte, pues se piensa que una oposición que no se opusiera y en esta medida radical estaría tirando la toalla, cuando de lo que se trata es de acosar al Ejecutivo hasta derribarlo. No se trata, pues, de controlar para que la vida ciudadana prospere, para que la Constitución y las demás normas legales se cumplan, para que el Gobierno cumpla las promesas que le llevaron al poder (¡que es lo que las mayorías votaron y a lo que las minorías deberían someterse durante esa legislatura!), sino de deteriorar y entorpecer por todos los medios posibles la gestión del Gobierno y en tal ritmo y profundidad que ese Gobierno se vea incluso obligado a adelantar elecciones por falta de poder y de confianza. Es la táctica no de curar, sino la de hurgar en la herida para que se encone y lleve a la debilitación rotunda del contrario.

Podrá una Oposición decir que sus seis, ocho o diez millones de votantes querían otra gestión diferente, ajustada a otro programa, pero no había ni puede haber un punto ni un mandato en aquel programa electoral que dijera explícitamente: “votaréis en contra de todo, si perdemos las elecciones”, en primer lugar, porque nunca un partido explicita la hipótesis de perder y, en segundo lugar, porque no se puede atar el voto de manera tan irracional en la política que es, cuando es verdadera vida política, el lugar de la discusión, de la argumentación y del acuerdo.

Me da por imaginar lo que sería de un partido como el PP que estuvo cerca de ganar las elecciones, pero que, por cuatro años, le toca controlar, no de oponerse sin más, al Gobierno. E imagino lo que de ese partido sería si, pensando en el bien común llegara, cuando ello lo demandara, a cooperar con el Gobierno. ¿Creemos, acaso, que esto debilitaría la posible alternancia en el poder, si más bien ese PP podría sacar pecho y decir que el Gobierno no ha realizado a solas y sin su apoyo su gestión?

Viendo las relaciones que se dan entre partidos políticos en Alemania, Inglaterra o Italia, pensamos que aquí, en nuestra querida España, las heridas que nos dejó la Guerra Civil no han cicatrizado todavía y no sólo las que dejara la contraposición entre izquierdas y derechas, sino también las que dejara la contraposición entre nacionalismo español centralista y  los nacionalismos separatistas.

La tan mentada Transición de finales de los años setenta del siglo pasado tuvo su mérito y no hay por qué minimizarlo, pero dejó muchos temas y problemas pendientes que, por desgracia, apenas si se están asomando ahora a la vida pública y se balbucea sobre ellos con temor y temblor. Quizás por ello, nuestro parlamentarismo que no es sino una expresión de la posibilidad de diálogo y entendimiento, sea aún tan débil y tan poco ejemplar.

26 junio 2009 Posted by | Uncategorized | Deja un comentario

El señor mercado

CUANDO LO HUMANO SE HACE NATURALEZA

 

 

El ser humano, decían Vico y después Wittgenstein, sólo domina de verdad lo que es totalmente obra suya.

Quizás convenga recordar para ello el trabajo del artista que, consciente de su obra desde el momento de su proyección y dueño de los materiales para realizarla, se toma su tiempo y sus modalidades para llevarla a cabo en plenitud y luego se recrea en ella al contemplarla. Ideal que recoge a la perfección aquella definición del trabajo humano que deja como de paso Carlos Marx al inicio del V capítulo de El Capital: el trabajo humano como “el proceso en que éste realiza, regula y controla mediante su propia acción su intercambio de materias con la naturaleza…y, al mismo tiempo realiza en ella su fin, fin que él sabe que rige como una ley las modalidades de su actuación…”.

¿Lo será así siempre?

¡Qué más obra del ser humano puede haber que la red de relaciones que él y sólo él va tejiendo en la medida en la que crea ese lado de la vida que llamamos el mercado! Porque el mercado es plenamente obra suya (todos los mercados, también y sobre todo el mercado financiero) y, que sepamos, no tiene ni un gramo de naturaleza ni es imaginable sin la presencia humana.

Y, sin embargo y a la vista de lo que en estos días estamos viviendo, ¿podríamos imaginar realidad más enrevesada, compleja, oscura, irracional, descontrolada, veleidosa, caprichosa, amenazante, determinante e independiente de la voluntad de sus propios agentes que el propio mercado?

¿Qué tipo de realidad ha creado el ser humano al crear el mercado, esa red de relaciones que se le ha independizado y opera sin su conocimiento y sin su voluntad?

Si algo nos confunde y nos infunde terror ahora no es tanto el poderío que estas relaciones mercantiles tengan sobre nosotros, que ya es decir, cuanto el desconocimiento que de ellas tenemos. Se trata de fuerzas sociales que hemos desatado y que actúan sobre nosotros con tanta o mayor ceguera y opacidad que las fuerzas del terremoto o del huracán.

Como el aprendiz de brujo al que se le escapa el genio de la botella, hemos venido generando relaciones sociales (¡porque sociales son!) que han cobrado vida propia y se rebelan contra nosotros sin dejarnos apenas tiempo para ver de dónde nos vienen los golpes, tal es su ritmo y su potencia.

¿Todavía hay quien pretenda dejar las cosas humanas a merced de la mano invisible del mercado?

26 junio 2009 Posted by | Uncategorized | Deja un comentario

nunca llegarás al norte

Si fuese cierto, a decir de algunos grandes lingüistas, que lejos de ser nosotros los que gobernamos la lengua materna, “es la lengua la que nos habla”, entonces estamos apañados. Porque resulta que esa lengua materna en multitud de temas, quizás por esa misma supuesta autonomía, nos enreda en paradojas, algunas realmente sorprendentes por su calado y por su aparente naturalidad. Véanse, si no, algunos de los giros que puede tomar el verbo “orientarse”.

Desde la escuela primaria sabemos que es la Estrella Polar un hito celeste fundamental para guiar a los desorientados.

De la Estrella Polar (stella polaris) hablamos, la Kynosoura de los griegos, la Mismar de los árabes damasquinos y laGrahadhara de los hindúes que no es sino la estrella  αUrsae Minoris, la más brillante de la Osa Menor, la que señala al Norte como guía de marineros, mineros y caminantes.

Aunque, ¡cuidado!, que  en el hemisferio sur es la Cruz del Sur y no la Estrella Polar  la que orienta a los marineros y parece ser que orienta hacia el Polo Sur. Como la antigua brújula china cuya aguja en forma de pez apuntaba hacia el Sur.

Esto de orientarse por las estrellas no es cosa fácil de entender, porque el enredo lingüístico en este tema es de mucha envergadura.

Ex Oriente lux, del oriente la luz, se dijo algún día. ¿Por eso el Oriente como lugar al que mirar y hacia donde girar y de ahí el verbo “orientarse”? ¿Qué tuvo el Oriente durante mucho tiempo para atraer todas las miradas? ¿Simplemente porque por ahí nos salía el Sol?

El diccionario no nos aclara el tema. Más bien el DRAE mezcla los sentidos sin preocuparse por la paradoja. Así dice: “DESNORTARSE: perder el norte o dirección, desorientarse”. O lo que leemos en un texto sobre urbanismo: “Las ventanas orientadas hacia el norte”. Es como si dijéramos: “subir la cuesta hacia abajo”. El verbo “orientarse” debería dar paso a “nortearse”, como se ve por el uso que ahora se le está dando y por la actual prepotencia del Polo Norte  sobre los otros rumbos de la rosa.

Ahora se suele decir que no hay que perder el norte para seguir “bien orientados” (¡ paradoja lingüística como las haya!).

¿Cuándo se habrá producido el cambio del punto cardinal para que sea el Norte y no el Oriente el punto general de referencia,  como cambio de “orientación”, pues antes había sido el Oriente hacia donde se dirigía la mirada?

Ha habido mapas norteados y mapas orientados y mapas sureados, dependiendo de qué punto cardinal se situaba arriba del mapa. Claro que esto llama a otro asunto de no menor trascendencia para entender el sentido de las palabras. Porque el rumbo elegido como preferente se situaba “arriba”, que suele ser también la parte “preferente” del mapa. ¡Carajo con los significados connotativos de las palabras! ¡Y luego dicen que son inocentes palabras!

 Porque eso de colocar un punto cardinal u otro “arriba” no era ni es cosa baladí, pues resulta que “arriba” y “abajo” también se han convertido en “lugares” ideológicamente plenos de connotaciones  positivas (“arriba”: el Cielo, lo sublime, lo elevado, lo alto, los altos ideales, lo cimero, la cumbre, en fin el NORTE) o negativas (“abajo” el Infierno, lo terrestre, lo rastrero, lo pesado y sucio, lo bajo, los bajos instintos, esto es, el SUR), como lo son la “izquierda” (sinistra- allá donde van los condenados en el juicio final-, siniestro, zurdo, torcido, no fiable) y la “derecha”(dextra- allá donde van los elegidos en el juicio final, ir por lo derecho, por lo legal, sin tapujos, de modo fiable). ¡Y todo esto en una Tierra que es redonda y esférica y en un universo que, de hecho y por su misma estructura, no tiene ni puede tener ni arriba ni abajo, ni derecha ni izquierda! ¿Cómo ha podido diseccionar nuestra cultura el mundo para llegar a valorarlo de estas maneras? ¿Qué mecanismos ha desarrollado nuestro cerebro para llegar a estas consideraciones?

¿Y cómo llegar al Norte si, para ello, hay que saber “orientarse”?

¿No será la paradoja lingüística un reflejo del lío en que se mete quien decide la marcha hacia el Norte? ¿De verdad está bien orientado quien se decide a la larga y penosa marcha hacia el Norte, si el Norte, de hecho, ni geográficamente ni socialmente ni económicamente es un punto fijo, como no lo es la estrella α Ursae Minoris que ha sustituido a otras estrellas anteriores y será también sustituida por otras venideras?

El Norte por el que tanta gente suspira y por llegar al cual tantos perecen es una utopía: nunca cumple con las expectativas de quien se mete en una patera o asalta un tren de mercancías y expone su vida para llegar a él. Lo que se suelen encontrar quienes arriban a sus costas es un nuevo Sur tan descorazonado o más que el que dejaron.

Desorientados o desnortados, aunque vayan hacia el Norte, caminan muchos seres humanos a la deriva por no saber bien lo que les espera al final del camino y, ante todo, porque ese Norte por el que se arriesgan se ha cerrado con muros, alambradas y leyes.

¿Andará bien orientado quien se dirige al Norte? 

26 junio 2009 Posted by | Uncategorized | 2 comentarios

DÍA A DÍA

                                                                         

Hay que hablar de las cosas. Hay que hablarle al ser humano. Y escucharle. Hay que preguntarle al ser humano y hay que responderle. La respuesta es la señal de que hay, al menos, dos que se miran cara a cara, que se conocen, que se reconocen, se respetan y hablan. Es la forma que humaniza: el diálogo.

 Hacer de la escritura diálogo, esa es la tarea difícil de llevar a cabo, mientras tu voz no le llegue al otro. Pero hay que seguirle el hilo a la vida y preguntarle y esperar respuestas, aunque tus interlocutores no aparezcan. Así se van acumulando proyectos de diálogo que la escritura conserva hasta no se sabe cuándo; hasta que se abra una ventana al mundo y tu voz resuene entra las otras voces. Hasta que haya respuesta.

 Así, día a día, gota a gota se me han ido acumulando estos intentos de diálogo hasta llenar carpetas y más carpetas, como si ya no importara tanto la espera; como si lo importante fuera seguir vivo, en un diálogo entre uno mismo y esa enorme concreción de lo que acontece. Día a día, sin darle tregua al pensamiento, hasta abrir una ventana como ésta.

 

 

24 junio 2009 Posted by | presentación | 1 comentario