Prosa del mundo

Augusto Serrano López

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3 octubre 2016 Posted by | Uncategorized | Deja un comentario

el viaje a ninguna parte

Se quieren ir, pero, ¿adonde?

Los escoceses se quieren ir. Los catalanes se quieren ir. Los valones y los normandos se quieren ir. Y se quieren ir bávaros y lombardos, corsos, vascos, quebequeses, ucranianos orientales y los olanchanos de Honduras, gallegos y valencianos, por sólo nombrar a los que más ruido hacen.

Pero, ¿adónde se quieren ir?

Se quieren ir del matrimonio que los ha tenido unidos treinta, cien, doscientos, trescientos o más años y con  cuyo maridaje vivieron, guerrearon, disfrutaron y sufrieron, se pasearon por el mundo y fueron centro de recepción de pueblos y culturas, dominaron y fueron dominados y se hicieron ellos mismos lo que ahora son.

Pero se quieren ir. Se quieren divorciar.

Eso de irse para vivir mejor en otro lado ya lo conocíamos. Pensando que había mejores formas de vida en otras latitudes, conquenses se iban a Valencia para vivir mejor, pero de paso haciendo prosperar a Valencia con su trabajo, como los murcianos, los extremeños que se iban a Cataluña y se hacían una vida mejor, pero enriquecían a Cataluña o los gallegos recorriendo Castilla y enriqueciéndola  con su trabajo, como enriquecieron y se enriquecieron castellanos y gallegos yéndose para Vizcaya. Flujo ininterrumpido como el que, en grandes oleadas de gentes durante los siglos XIX y XX, tuvo lugar de España a América del Norte, a América Central y América del Sur,  con la vuelta a casa de aquellos indianos que hacían florecer industrias en Cataluña, Galicia y Asturias.

Pero esto que ahora sucede es diferente.

Es diferente porque los que dicen querer irse lo dicen en nombre de todo un pueblo (¡!) cuyos habitantes nunca antes vivieron mejor que ahora ni escoceses ni catalanes ni vascos ni normandos ni corsos ni lombardos. Nunca vivieron mejor que ahora, porque nunca antes de ahora habían tenido eso que llamamos un “espacio público” tan amplio, tan seguro y tan rico. Y, sin embargo, se entiende su enfado.

Es, pues, aquí donde debemos situar la discusión acerca del sentido de esta exigencia de divorcio. Hay que situar la discusión aquí para tratar de entender lo que sucede, en lugar de mostrar acuerdo (si) o desacuerdo (no)  desde las tripas, esto es, ofuscados por los discursos más irracionales e irresponsables que se conocen; discursos de políticos ignorantes que se inventan la historia y señalan al otro como el enemigo del que separarse, que animan a las gentes a la separación, sin aclararles los mil problemas que esto lleva consigo quizás porque ni ellos mismos lo saben.

¿Por qué ahora en pleno siglo XXI? ¿Por qué esta situación no se dio en los años previos a la gran crisis? Está claro que siempre hubo gente que se sentía tan diferente que se ahogaba viviendo entre aquellos que “venían de fuera”, como siempre hubo pseudohistoriadores que reescribieron la historia pro domo. Pero esta actual postura de “desamor” ha necesitado de todo un contexto real para que sumara tantas voluntades como se vieron el día de la Diada.

La vida se ha hecho muy difícil para las grandes mayorías que, hasta hace muy pocos años, creían haber resuelto sus problemas fundamentales: el acceso al trabajo, el acceso a los medios de vida, el acceso a la educación, el acceso a la salud, el acceso a la seguridad, el acceso a la protección por desempleo o por vejez. Esas relaciones que constituyen lo que vamos a llamar el “espacio público” que no hay que identificar ni con el Estado ni con un sector de la economía, pues va mucho más allá.

Es el lugar que ya no es ni “mío” ni “tuyo”, sino  “nuestro”, el de todos por igual. Es ahí donde cabe hablar de “nosotros” en su sentido más universal, porque ahí entramos no sólo quienes lo hicimos, sino también  todo aquél que llegue. Hablamos, pues, del espacio que, si bien es de todos, le es primordial y fundamental a las mayorías y no tanto a las minorías acaudaladas. Las grandes mayorías que, en todo el mundo, en todos los países de la Tierra son las clases medias y, de ahí para bajo, los menos favorecidos. Ese Espacio Público que, desde hace pocos años, gobiernos de tendencia neoliberal están desmontando, incluidos aquellos gobiernos que lideran el divorcio.

Eso es lo que habría que reivindicar con todo tipo de presiones.

¡Asalariados de Escocia y Cataluña: os están engañando!

El ruido de himnos y banderas oculta lo que en estos precisos momentos  os están robando: os están expropiando  lo que es de todos, el espacio público que es, en última instancia, el ámbito de bienestar y seguridad por lo que creéis luchar y por lo que aparentemente os enroláis en las filas de los separatistas. Quienes lideran estas separaciones no necesitan como vosotros del espacio público, aunque también es de ellos, porque disponen de amplios espacios privados autosuficientes: los que se han construido precisamente a costa de robarle a lo público. Estamos viviendo el robo más descomunal de la historia humana. Por billones se cuentan ya los depósitos de esa minoría de multimillonarios que no deja de crecer en la medida en que decrece nuestro espacio vital. ¡Hoy salía la noticia de que la suma de dinero de los pocos más ricos de la Tierra es superior al PIB de todas las naciones del continente africano! Son los ladrones que cuentan la riqueza del mundo por el PIB mundial, que sólo hay uno y que, como único pastel a repartir, se lo quedan casi en su totalidad.  Esta crisis está desmoronando a un ritmo que asusta lo que habíamos construido con tanto esfuerzo. El neoliberalismo es, por ello, una de las ideologías más criminales  que hayamos conocido. Como sugería F. Hinkelammert, ha aprendido a deshacerse de la gente, no los mata, simplemente los deja morir. Por realizar sus ideas se sacrifican pueblos enteros y se anulan vidas personales por millones: son los millones de parados, los enfermos dejados de la mano de los servicios públicos por causa  de los recortes, los ancianos a los que no les llega la renta, los niños que van a la escuela sin haber satisfecho el hambre, los jóvenes desesperados porque no encuentran lugar en estas sociedades de la austeridad, incluso los empleados con salarios de miseria y con subempleos, los excluidos, estorbos del sistema que sólo los ve como amenaza.

Y son muchos. Decía el poeta Roberto Sosa: “los pobres son muchos y por eso es imposible olvidarlos”. Los que dependen de ese lugar donde la riqueza social se debe distribuir, el espacio público, son las grandes mayorías de la Tierra. Son el plural al que se refiere el “nosotros”. Pero no es un plural particular, sino universal, porque “lo nuestro” es, para comenzar, la Tierra y su suerte y, para seguir,  “lo nuestro” es también  ese inmenso arsenal de  riqueza  producida por las manos trabajadoras de todo el mundo y es, no se olvide, “lo nuestro”  la suerte que tendrán también “los que se quedan”, esos miles de personas que no se quieren ir.

Porque  se entiende y es legítima  la actitud de  un pueblo que pone  entre la espada y la pared a un Gobierno desalmado que destroza lo público y se apropia de sus logros diciéndole  que, si no cambia de política “nos vamos”,  con tal de que, al exigirlo, se haga también para y por “los demás que se quedan”: la legitimidad surge cuando  el grito de divorcio incluye a todos los que sufren las mismas condiciones de expropiación y exclusión.

Por eso, cuando los catalanes piden otro derrotero, deberían pedirlo para todos los españoles y todos los europeos, pues es la política europea en general la que está poniéndonos en esta frontera. De no hacerlo, “lo nuestro” del  catalán se convierte en “lo mío catalán”, pues abandona en el camino a los demás.

El gobierno inglés, presionado por el caso escocés se ha visto obligado a acceder a las demandas de los escoceses para que no se vayan de la Unión, pero los mismos escoceses han celebrado que esas concesiones  las disfruten también los galeses, los irlandeses del norte y los mismos ingleses.

Los escoceses están logrando con su acción que el gobierno británico cambie de rumbo y camine de hecho hacia un sistema federal que le confiere a todos mayor autonomía.

¿Dónde está ese detalle de solidaridad catalana con las demás autonomías de España que sufren tanto o más que los catalanes la  desalmada política del actual gobierno español? ¿Por qué no luchan para cambiar la Constitución española y sus efectos en lugar de irse por la tangente?

¿Por qué no luchar por la patria en la que todavía nadie estuvo; esa patria construida por medio del diálogo y el consenso con  reglas de convivencia nuevas, bandera nueva que no incordie a nadie, himno nuevo que todos juntos podamos cantar, y nuevos planes de futuro en paz y libertad?

¿Tan difícil es?

28 septiembre 2014 Posted by | Uncategorized | Deja un comentario

¿Desarrollo Humano Sostenible?

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Anuncia El PAÍS de este domingo 19 de enero el nacimiento de PLANETA FUTURO, sección sobre desarrollo humano sostenible nada menos que con la colaboración de Bill & Melinda Gates (http//planetafuturo.elpais.com) y con la colaboración de todo un ejército de expertos de todo el mundo. Ojalá se logre tocar así a las conciencias de quienes detentan el poder real en este planeta para que tenga futuro, no tanto esta página, sino el planeta mismo. Y ojalá esta vez se logre algo que echamos de menos en la prolongada discusión sobre Desarrollo Humano: un concepto de Desarrollo Humano que permita lograr eso que por todos lados se declara: “fomentar una alianza mundial para el desarrollo” (aquí en este PLANETA FUTURO también: abordar desafíos globales). Un concepto que permita trabajar en la misma o parecida dirección a tantos y tan diversos sectores como en esto deben involucrarse. Claridad conceptual que ni el PNUD ni otras agencias llamadas del desarrollo nos han dado aún.

Es curioso que PLANETA FUTURO diga de sí mismo que “nace cuando quedan apenas dos años para llegar a la gran cita de 2015” y asegure que “este proyecto ve la luz en un momento en el que la crisis mundial amenaza con aparcar (sic) las ambiciones de los ODM [Objetivos de Desarrollo del Milenio] y posponer el establecimiento de nuevos objetivos de sostenibilidad global”. Y recuerda los objetivos (que por supuesto hace suyos como expresión del intento de lograr ese Desarrollo Humano Sostenible): “ocho grandes propósitos que se consideraban alcanzables en un horizonte de tres lustros: erradicar la pobreza extrema, lograr la enseñanza primaria universal, promover la igualdad entre géneros, reducir la mortalidad infantil, mejorar la salud materna, combatir el sida, la malaria y otras enfermedades, garantizar la sostenibilidad  del medio ambiente y fomentar una alianza mundial para el desarrollo”.

Aquí ya se ve la idea, que no el concepto, que PLANETA FUTURO tiene del Desarrollo Humano Sostenible, porque lo que ODM se propuso hace tres lustros no es sino un PLAN DE MÍNIMOS, un plan de mínimos muy encomiable y necesario que no se puede permitir retrasos porque en ello les va la vida a millones de seres humanos y a la Tierra misma, pero esto no es Desarrollo Humano y mucho menos Sostenible: esto es una empresa colectiva encaminada a la SUPERVIVENCIA porque estamos hoy y hace tres lustros dentro de una tormenta cuya tendencia amenaza a toda la humanidad.

¿Por qué ponerse como meta “erradicar la pobreza extrema” y no simplemente “erradicar la pobreza” o, aún más y mejor: no producirla, evitar producir la pobreza? ¿No será que no son los pobres (simpliciter) los que importan, sino sólo los que, por su extrema situación, se pueden convertir en amenaza? ¿Por qué sólo universalizar la enseñanza primaria y no también la secundaria? ¿Será para que esos miles de millones de pobres no sepan demasiado? Basta con la enseñanza primaria para que los pobres (no extremos) puedan trabajar en las maquilas de todo el mundo.

 Pero el Desarrollo Humano no es cosa de mínimos, sino de SUPERACIÓN CRECIENTE DE LO MÍNIMO.

 

 

 

 

 

 

 

22 marzo 2014 Posted by | Uncategorized | Deja un comentario

la ciudad como espacio y relación de justicia

“Je  tenois l’espace pour quelque chose de

                                                                                                                purement relatif…pour un ordre des                                                                                                            coexistences…Car l’espace marque en

                                                                                                      termes de possibilitè un ordre des choses

                                                                                                              qui existent en même temps, en tant

                                                                                                          qu’elles existent ensemble”

( Tercera carta a Clarke (1716) ;

G.Phil.VII, pág. 363)

“Ordo… inter ea quae sunt simul”

(Initia Rerum mathematicarum (1714)

G. math. VII, pág 415)

El espacio, todo espacio es ante todo RELACIÓN.

La vieja idea de espacio como receptáculo previo a las cosas que lo llenan con su presencia, esa idea de “espacio absoluto” que campea por la Mecánica Newtoniana, pasó a mejor vida con la Teoría de la Relatividad. Era la vieja idea de espacio que se podía concebir vacío, como un receptáculo previo incluso a la aparición del mundo físico.

Leibniz, el primer gran relativista de la Modernidad, ya dejó claro en su polémica con Newton (a través de su discípulo Clarke) a inicios del siglo XVIII que el espacio absoluto era un constructo mental sin fundamento real alguno; que todo espacio real es relativo a las cosas y relaciones que lo generan. Por ello, define el espacio como “el orden de las cosas que son (existen) a la vez” y como “puramente relativo..; un orden de coexistencias…, porque el espacio señala en términos de posibilidad un orden de las cosas que existen al mismo tiempo, en tanto existen entrelazadas”.

Leibniz está hablando del espacio como espacio físico. Todos los demás “espacios” lo son por analogía, pero esa analogía será procedente y certera en la medida en que no se desdibuje esta primaria definición de espacio cuya nota central es la relacionalidad como coexistencia de las cosas entre sí.

La ciudad es ante todo RELACIÓN.

Pero la ciudad es relación multidimensional, porque es espacio físico, es espacio ecológico, es espacio político, es espacio vecinal, es espacio cultural, es espacio histórico, es espacio ético, es espacio estético, es espacio competitivo, es espacio de negociación y concertación, es espacio de comunicación, es espacio creativo, es espacio de representaciones e ideas, es espacio económico, es espacio de inmigración, es espacio habitacional, es espacio recreativo, es espacio educacional, es espacio bacteriano, es espacio monumental, es espacio administrativo, es espacio de memoria colectiva, es espacio de costumbres, es espacio de posibilidades y es espacio integrador de todos estos y otros espacios “vivos”, dinámicos, complejos, conflictivos en la medida en que esa integración redunde en la generación del ciudadano, en la generación de ciudadanía, esto es, en la generación de simetría humana, igualdad de posibilidades para todos y cada uno de sus integrantes, en fin, en la generación de justicia. Sólo en esa medida es ciudad y no simple hacinamiento de gentes, barrios, calles y casas.

La ciudad se genera por acercamiento de personas diferentes, que proceden de lugares diferentes, de culturas diferentes que son absorbidas en el espacio común que se va generando por avecinamiento y proceso de igualación: es el espacio, el ámbito que se genera porque, sobre esas diferencias, surgen las dimensiones y relaciones de la igualdad, de la simetría y de la justicia: es el llamado BIEN COMÚN que no hay que confundir con el “interés general”, término éste con el que las clases dominantes tratan de sustituir el bien común, generalizando sus propios y particulares intereses.

La ciudad como espacio y relación de justicia.

 

15 abril 2013 Posted by | Uncategorized | Deja un comentario

diccionario ideológico

QUÉ DIFÍCIL ES DECIR LAS COSAS

 

Augusto Serrano López

 

He querido saber lo que significa la palabra “legitimidad”.  Creía así llegar a comprender si con esa palabra lograría yo expresar lo que es “hacer justicia”. Aunque no era tanto la palabra “justicia” lo que me traía de cabeza, cuanto el acto de justicia mismo, yendo, más allá si cabía de lo que se considera justo, a poder expresar  lo justo sin más.

Me he acercado a varios diccionarios y, entre otros, de la mano del Diccionario Ideológico de J. Casares he podido ver que legítimo significa “conforme a leyes” y, como sé que la historia humana está llena de leyes injustas, abrí el DRAE que me dio algo de esperanza al definir la legitimidad estricta como la herencia “que ha de dividirse con absoluta igualdad”, creyendo que me acercaba al tema de la justicia, aunque he de decir me duró poco el contento, pues vi que en ese bosque de términos imperaba por todos lados la ley, de modo que legítimo venía de la misma raíz que legal, es decir, “lo prescrito por la ley y conforme a ella” y que la misma “legitimidad estricta” no era sino la igualdad prescrita , es decir, impuesta por la ley.

No había desistido del todo, cuando noté en el Diccionario de Casares que desde el término legítimo se desglosaban significados como puro, propio, genuino, verdadero, pero que derivaban todos estos diccionarios hacia temas de herencia y de procedencia: hijos legítimos e ilegítimos por ley, como si los otros no fuesen hijos de verdad del mismo padre (la madre parece que no importaba) y, claro está, ahí se me perdía totalmente lo de la justicia, porque, me decía yo, qué culpa tiene el ser que viene a este mundo para que se le declare legítimo o no, por no hablar de los llamados “sin papeles” que, al no considerarlos personas de pleno derecho, se les trata injustamente y se les arroja legalmente a las tinieblas exteriores.

Todavía el DRAE me dejó un hilo de luz cuando apunté que lícito se entendía como “según justicia y razón” y me dije: ahora sí, porque algo que se hace con justicia y, además con razón, no puede depender de alguna ley pasajera y convencional. Pero el Corominas me dejó sin piso alguno al decirme que incluso lícito, de lícitus, significa “permitido” y todos sabemos lo que se permite y no se permite en nuestros países.

Así que lícito, legítimo, bueno, genuino, verdadero, permitido y legal son esa familia de palabras que lo mejor que podrían hacer es huir de la palabra justicia, porque la justicia es otra cosa y huir quizás de la palabra  razón que no sea la razón que da el poder, si la razón está como quería Heráclito en lo que es común a todos.

Esta familia de palabras sólo vale para designar formas, situaciones, circunstancias dentro de la ley, dentro de lo “permitido” por el ámbito generado desde el poder, pero no para designar la justicia. Porque la justicia es otra cosa: es el ámbito generado desde la igualdad y de la simetría entre las personas: es, como certeramente señalara Ernst Tugenhat, lo opuesto al poder.

En realidad, todo este lío en que me he metido viene al caso, porque yo quería decir que lo que está haciendo el gobierno de Rajoy será todo lo legal que se quiera porque lo eligieron libremente los españoles, pero que no es legítimo, porque es injusto. Injusto por dos razones: porque genera desigualdad entre los españoles y porque ni siquiera está cumpliendo el programa con el que engañó a los diez u once millones que votaron por él. Y no vale en estas circunstancias decir que tienen mayoría absoluta, porque la que obtuvieron era para otra cosa y no para lo que están haciendo. Por no olvidar que once millones (desde el punto de vista, no de la ley, sino de la justicia)  son una minoría de los cuarenta y cinco o más que tiene España.

19 noviembre 2012 Posted by | Uncategorized | Deja un comentario

Desde la ventana del banco

El edificio tiene treinta y dos pisos. Es un desafío a las leyes de la arquitectura. Se puede ver desde mucho antes de entrar a la ciudad, mucho más alto que las torres de la catedral ahogadas por estas nuevas catedrales del capitalismo. Y se ve desde lejos, porque, además de su altura, los rayos del sol chocan con su caparazón de vidrio y fino acero para devolvernos su imagen y su presencia.

Lo hemos visto esta mañana. Asomado tras los cristales del último piso, con las manos en los bolsillos del pantalón y la chaqueta abierta enseñándole a la ciudad  el chaleco que cubre su obesidad, el banquero sonríe al ver desde allá arriba el hormiguero de gentes que van de un lado a otro sin parar a merced de las fuerzas opacas que él acaba de desatar en los Desayunos de Radio Uno. Ha dicho que si el Gobierno no toma drásticas medidas para acabar cuanto antes con la utopía del Estado de Bienestar, el país no tiene futuro. Y sonríe, porque, apenas media hora después, el Presidente del Gobierno ha dado una conferencia de prensa anunciando impostergables recortes draconianos en salud, educación e investigación y  reformas en ese ámbito laboral tan sobreprotegido, según él, por unos sindicatos que “lo que hacen es, precisamente, impedir la contratación y destruir empleo: esto es absolutamente necesario y no tiene nada que ver con ideologías, dice. Es lo que dicta el sentido común para salir de la situación desastrosa que hemos heredado. No hay alternativa. Es justo y necesario. O lo hacemos así o los mercados acabarán con nosotros”.

El banquero sabe que el Gobierno le sigue siendo fiel. Lo libró de tener que tirarse desde el piso treinta y dos como pide la tradición capitalista, cuando acudió en su ayuda para cubrir su desnudez, rellenando con los fondos de los ciudadanos y con los del Estado el precipicio que tenía bajo sus pies. Y ahora ese mismo Gobierno atiende sus recomendaciones como órdenes venidas de lo alto, de lo alto de piso treinta y dos.

 Sonríe porque ve que el Gobierno hasta ha asumido el lenguaje de la Bolsa y sólo presta atención al curso diario de la Bolsa.

¿Qué más podría esperar como hombre de las finanzas en esta vida? Tenga éxito o no su gestión sabe que saldrá con los bolsillos llenos y, para más satisfacción, el Gobierno ha comenzado a ver el mundo desde la ventana de su banco.  

 

14 julio 2012 Posted by | Uncategorized | Deja un comentario

CRISIS

El  joven alemán que se despedía para alistarse a los ejércitos en 1620 no le decía a su madre que se iba para la Guerra de los Treinta Años. Tampoco se le puso número a la Gran Guerra de 1914 hasta que llegó la Segunda y aún mayor Guerra Mundial de 1939. Menos aún supieron los habitantes de los siglos X y XI  que ellos eran gentes de la Edad Media. La nomenclatura de las cosas, como ya se vio en el Génesis, viene siempre después de que las cosas han estallado. Y se nombran después o lo hacen los descendientes, como toma de conciencia retardada de que algo nuevo había  sucedido. ¿Será porque los que están en el ojo del huracán ni lo notan? A lo mejor por eso decían los griegos que el ave de Minerva levanta el vuelo al atardecer, cuando las cosas ya han madurado.

Desde hace ya al menos treinta años, en esta Tierra se vienen dando situaciones y están apareciendo aspectos de todo tipo en cierto sentido inéditos por su naturaleza, por su contenido,  por su intensidad y por  su sentido. Parecen diversos y  desconectados entre sí. Algunos de tal envergadura que además de imprevistos resultan incomprensibles y, por su novedad, desconcertantes, pues no se conocen fórmulas para entenderlos, cuanto menos para dominarlos.

Pero han surgido simultáneamente formas nuevas del pensamiento y de la conciencia social, como si aquellos nuevos fenómenos las hubiesen traído consigo. Así, entre otras,  la conciencia del límite ( sabemos ya que vivimos en un mundo de recursos limitados), la conciencia de la relatividad ( entendida como relacionalidad de todo con todo), la conciencia de la contingencia ( porque tenemos la experiencia de que lo diferente de lo que hay sigue siendo posible), la conciencia de la complejidad ( como advertencia de que la verdad no está en lo simple, sino en el plexo de las relaciones) y la conciencia de la composibilidad  ( es decir, la certeza de que lo posible sólo lo es, si es posible junto a otros posibles) que han calado socialmente  hasta el punto de haberse precipitado en modos de articulación popular como por ejemplo la del “efecto mariposa” o la de la “sostenibilidad”. Formas de la conciencia que quizás nos permitan reflexionar sobre el tiempo presente de forma anticipada, sin tener que esperar otro tiempo venidero para ponerle nombre al nuestro.

Y se me ocurre que, si tomamos en serio alguna de estas nuevas ideas y las aplicamos a lo que ahora percibimos todavía de forma más o menos desarticulada, podríamos llegar a una visión algo diferente de nuestra real situación.

Así, concebir la realidad desde el punto de vista de la complejidad y de la relatividad nos exigiría integrar los más diferentes aspectos de la totalidad de la vida y verlos como detalles, manifestaciones de un movimiento unitario de una fortaleza sorprendente donde cada aspecto está de tal manera relacionado con los otros que resulta no sólo improcedente por no decir imposible querer dar cuenta y razón de alguno de ellos por separado.

Si todo repercute en todo, si fuese cierto- y no tiene por qué no serlo- que abstraído del resto de la red de relaciones cualquier evento resulta inexplicable, entonces hemos de comenzar a reconstruir mental y conceptualmente el tejido general en que la vida de nuestros días se desenvuelve. Hemos de poner en relación, ¡porque suponemos que lo están!, fenómenos que aparentemente y debido a una tradición científica separadora y empobrecedora  poco o nada tendrían  que ver entre sí. Valga de muestra el hecho de que se haya querido tratar científicamente la relación económica, la dimensión económica de los seres humanos, como si ella nada tuviera que ver con la Tierra, ¡nada menos que el único lugar que nos provee de todo lo que la economía necesita para existir!; ni con la política, ¡cual si lo económico lo realizaran seres extraterrestres!

Posiblemente nos sorprenda entonces la evidencia de que estamos no tanto ante fenómenos de un modo de vida conocido  desde hace un par de siglos que surgen normalmente de vez en cuando y nos son familiares (por ejemplo, las idas y venidas de las crisis económicas según ciclos ya protocolados), sino que estamos sentados en una ola inmensa, en el ojo de un huracán y, por tanto en una enorme CRISIS, de un tiempo nuevo, de una nueva etapa no sólo de Europa o del llamado Mundo Moderno, sino de la humanidad. Lo que está sucediendo, por vez primera en la historia y aunque de manera diferente, nos afecta a todos.

Este pensamiento no tiene nada de apocalíptico, sino todo lo contrario: nos dice que estamos ante un nuevo reto para el que hemos de inventar nuevas soluciones y, a la vez, estamos ante nuevas oportunidades y desafíos para las que deberíamos sentirnos como sus adelantados, pues están llamando hacia un mundo diferente.

La crisis actual lo es y de forma radical: es una crisis no sólo de la producción ( la economía real entra en recesión y genera altísimas cuotas de desempleo), es también y simultáneamente financiera (se han generado burbujas tan enormes que las cifras resultan inmanejables), ecológica ( el calentamiento global amenaza con nuestra supervivencia), política ( se desvanecen las fronteras de los Estados Nacionales sin que aparezca algo que las pueda sustituir), social (los sistemas de cobertura social en muchos países peligran de cara a un futuro próximo y la población mundial no deja de crecer exponencialmente), ideológica ( se tambalean los sistemas de ideas hasta ayer más consistentes), religiosa (los fundamentalismos están generando situaciones de miedo  y terror a nivel planetario y de unas formas de violencia para las que  no parece haber respuesta) y cultural ( el adocenamiento de símbolos, gustos e imaginarios que las redes de comunicación ha llevado hasta los últimos rincones del planeta y se han convertido en modas y costumbres de una potencia sorprendente).

Todas estas dimensiones no sólo suceden simultáneamente, sino que suceden en tan estrecha e interdependiente relación que constituyen un todo de enorme extensión e intensidad; un vendaval de tal violencia y velocidad que apenas nos deja tiempo para pensarlo y, por el momento, menos tiempo aún para dominarlo.

Estamos cruzando una frontera. Estamos viviendo un presente que anuncia ya lo nuevo; un presente  preñado de lo que vendrá o, mejor dicho, de lo que ya está viniendo, aunque creamos seguir en la casa paterna que nos vio nacer. Está naciendo un nuevo tiempo y oímos los dolores del parto, sentimos que la vieja camisa se nos ha quedado corta, que las palabras que articulaba el sano sentido común  apenas si nos permiten pobres balbuceos ante lo que se nos viene encima, porque ese discurso tradicional – incluido el de las ciencias sancionadas por los centros del saber- versaba sobre un mundo separado por fronteras, dividido en categorías, individualizado por castas, parcelado en mil pequeños estancos.

No hay que esperar más para dar el salto hacia el pensamiento integral e integrado de la complejidad. Pensamiento que, llevado hasta sus últimas consecuencias, nos llevará también y de forma muy coherente a la exigencia de justicia social, a la exigencia de la recreación del ser humano con la naturaleza y, en fin, a la necesidad del uso continuo de la prudencia y de la tolerancia, si es que queremos seguir viviendo, teniendo como guía la garantía de la reproducción de las condiciones de vida digna de todos los seres humanos.

 

22 marzo 2012 Posted by | Uncategorized | Deja un comentario

el grito de la gente

EL GRITO DE LA GENTE

Para ser sujeto efectivo me han de constituir y adornar los predicados humanos específicos fundamentales: el de ser un ser político generador de relaciones ciudadanas,  un ser que participa en la producción de la riqueza social,  un ser que disfruta de la riqueza social,  un ser que se comunica con los demás, que duda, discute, delibera y con los demás decide. Ser, en fin, centro generador de relaciones humanas constituyentes.            Pero aún no lo soy, aunque me asisten por nacimiento todos los derechos para ser sujeto. Por eso mismo, lo que no es porque aún no lo es efectivamente pero que está ya existiendo como posibilidad real, como potencial reprimido, se hace oír como el grito del sujeto que revienta críticamente por todas las grietas del sistema dominante, de lo que es,  y sitúa las cosas, las formas y las instituciones en su verdadero lugar, exhibiendo su verdadero sentido, su alcance y sus límites.

Estos días contemplamos con asombro y esperanza las multitudinarias manifestaciones en las plazas de Túnez, de Yemen, de Argel, de Egipto, de Libia, de Siria.

Aunque parezcan muy diferentes, son de la misma profunda matriz que las manifestaciones de años atrás  en Leipzig, en Tiannamen, en Bolivia o en en el Tibet.

Bajo todas ellas corre subterráneamente un sentimiento de hartazgo y vienen animadas por un ansia de paz, dicen unos, de libertad, dicen otros, de democracia, dicen los de más allá, pero, si se las mira más de cerca, responden todas ellas, bien que expresado de diferentes maneras, a una exigencia de justicia radical.

En cada una de estas ocasiones, se ha llegado a generar la conciencia de que el todo, lo que debe ser común a todos, ha sido secuestrado y prostituido por unos pocos, sea por el partido político en el poder, sea por la familia del sátrapa, por la nomenclatura o por el alto clero fundamentalista. Se ha roto la igualdad y sólo algunos disfrutan sin repartirla con los demás de la libertad, de la riqueza y del bienestar.

Se ha roto la justicia y, como diría Platón, si se rompe la justicia, se rompe la ciudad, se rompe el Estado. Y, por romperse, se rompe el sentido de las cosas y hasta se rompe y se corrompe el sentido de las palabras.

La respuesta del poder, que es precisamente el  rompedor de la justicia y generador del máximo desorden que se pueda pensar,  es la de acabar de inmediato y con todo rigor con los “desórdenes”. Porque así ve la manifestación popular el tirano: como “revuelta del populacho”, como movimiento irracional, como atentado contra las instituciones y, en fin, contra el ORDEN con mayúscula.

Ese poder logrado por el secuestro de lo que es común no entiende por qué se pueden juntar gritando al unísono en la plaza pública el estudiante y el obrero, el tendero y el médico, el pintor y el cineasta, el ama de casa y la modelo, la prostituta y el cura de barrio, el camionero y la enfermera. Todos ellos están hartos de ver y padecer la desigualdad: hartos de ver cómo aquél se apropia de bienes comunes, cómo el otro hace y deshace a su antojo, otro se ríe de los jueces porque puede pagar, uno más derrocha bienes del Estado descaradamente,  mientras la multitud soporta los impuestos y las cargas sociales, genera la riqueza que no va a disfrutar jamás y se contrae a ver los frutos de su trabajo al otro lado de los lujosos escaparates o contempla en Televisión la lujosa boda de la hija del gran jefe, por no hablar de lo que lee y ve en las revistas del corazón sobre las mansiones de los de arriba, las listas de los multimillonarios y los caprichos del hijo de papá que salta de un yate a otro y de un paraíso tropical a los suntuosos casinos del mundo.

Es la rabia de saberse robado, de saber con certeza que se está viviendo en el desorden institucionalizado y, por ello mismo, casi imposible de atacar con éxito como no sea echándose a la calle y ahogando por multitud las posibles respuestas de quienes mandan. No hay palabra que mejor y con mayor extensión y profundidad cubra lo que anima y da cohesión a estas manifestaciones populares en la plaza grande que la de JUSTICIA.

La gente, así, genéricamente, como expresión de lo más humano del género humano, quiere igualdad de oportunidades (justicia), quiere acceso a la salud (justicia), al trabajo (justicia), a la educación (justicia), al tiempo libre (justicia), a la seguridad (justicia), a la información (justicia), a la toma de decisiones (justicia), al control de la gestión pública (justicia), a un sistema impositivo proporcional (justicia), a un sistema judicial riguroso (justicia), quiere todo eso y mucho más y lo grita de mil maneras en la plaza despertando de su sueño a los secuestradores del Estado y de la ciudad.

Cuando después de tres semanas de toma de la gran plaza de El Cairo contemplamos a los sufridos ciudadanos limpiando espontáneamente los grafitti, recomponiendo los desperfectos del asfalto y recogiendo en bolsas los desperdicios, creemos otra vez que por esa plaza ha vuelto a asomarse lo más preciado que tenemos los seres humanos, lo que nos hace específicamente humanos, el lado político aún no prostituido, el que se cimenta en lo que es común a todos por igual, la justicia. Quizás sea ese el momento en el que dos personas juntas en la plaza gritando por la realización de la justicia puedan llegar a sentirse hermanas y puedan llegar a creer en la posibilidad de la libertad, porque sin justicia social no hay ni ciudad ni libertad.

 

26 marzo 2011 Posted by | Uncategorized | Deja un comentario

el asombro

                                                                                           Dijo Dios: “Brote la Nada”.

                                                                                           Y alzó su mano derecha

                                                                                            hasta ocultar su mirada.

                                                                                            Y quedó la Nada hecha.

                                                                                                           (Antonio Machado)

Que estemos ahí, eso es lo místico, dice Wittgenstein: “no es lo místico cómo sea el mundo, sino que el mundo sea”. Pero añade: “hay, por cierto, lo indecible. Es lo que se muestra, es lo místico”.

¿Será éste el primer paso, el arranque del filosofar? Porque ver esto, darse cuenta de que estamos ahí, de que el mundo es, no deja de ser asombroso y hasta posiblemente estremecedor y amenazante.

Aristóteles nos dijo que es el asombro el inicio de la Filosofía: nos asombramos de estar ahí y nos asombramos de que haya lo que hay y cuanto hay: “Fue el asombro lo que inicialmente empujó a los hombres a filosofar. De entre aquellas cosas que admiraban y de las que no sabían darse razón, se aplicaron primero a las que estaban más a su alcance…Como hemos dicho, todas las ciencias parten de una admiración inicial, preguntándose si realmente una cosa cualquiera  sucede tal como aparece, como, por ejemplo, entre las cosas prodigiosas que se nos ofrecen espontáneamente a nuestros ojos …porque nada causaría más asombro a un geómetra que el ver que la relación del diámetro a la circunferencia resultaba conmensurable” (Aristóteles: Metafísica 982a – 982b).

 Pues bien, como si ya no tuviésemos más remedio que seguir ahí viviendo, habiendo experimentado multitud de peripecias y con la memoria de la experiencia de las innumerables generaciones que nos precedieron que nos han dicho lo que son las cosas y lo que de ellas podemos esperar, surge la pregunta rompedora, la que va a encender las teorías, las hipótesis de las ciencias: ¿por qué son las cosas así y no de otra manera?

Quizás no haya posibilidad de ciencia para contestar a la primera cuestión, si es que acaso que el mundo sea es cuestión. Y, por ello, no sea esto  racionalizable, sino el momento místico, la vivencia tremenda por la que, recogidos sobre nosotros, nos vemos ya en el mundo, como arrojados a él y teniendo que ver cómo nos las apañamos. Es la conciencia que se despierta y ya no nos deja en paz.

Pero el susto, el asombro de encontrarnos ahí, in medias res, lejos de ser paralizante, ha debido de ser el detonante común, el tuyo, el mío, el nuestro para que nos preguntemos, ahora sí, en primera persona de plural, por qué son las cosas así y no de otra manera, a lo que el sentido común, conservador por naturaleza, ha debido de contestar muchas veces con aquello de que el mundo es como es y no hay por qué darle más vueltas.

Es entonces cuando el ser humano, quizás descontento con las relaciones naturales y sociales que le toca vivir, supera el asombro y el sentido común conservador porque le gustaría que el mundo fuese de otra manera y agudiza la pregunta: ¿quién ha dicho que tengan que ser las cosas así, si podrían ser de otra manera?

Comienza, entonces, la búsqueda de las razones de lo que hay y de lo que sucede.

Hay tantas relaciones que se repiten tozudamente que llaman la atención por su consistencia y su reiteración. ¿Por qué son así? ¿Habrá algún orden, alguna ley a la que obedezcan? Y, en última instancia, ¿cómo deben de estar formadas las leyes naturales, si es que las hay, para que la naturaleza se comporte como vemos que lo hace y no se comporte de otras maneras que también  podríamos imaginar? ¿Por qué no hay modo de construir una máquina de movimiento perpetuo? Todo lo que hacemos, con el tiempo se desgasta, se desmorona y perece. ¿Cómo deben de ser las leyes a que obedecen los fenómenos físicos para que sea imposible la construcción de un perpetuum mobile, pregunta A. Einstein? ¿Por qué no todos los seres vivos superviven a cambios climáticos radicales pregunta Ch. Darwin? ¿Por qué las diferencias en las culturas humanas pregunta G. Childe? ¿Por qué la competencia lingüística de un analfabeto puede ser la misma que la de un académico se pregunta N. Chomsky? ¿Cuál es la ley que preside el movimiento de la economía moderna se pregunta C. Marx?

Cada pregunta resulta rompedora y, en casos conocidos, ha encendido nada menos que alguna ciencia particular para dar cuenta y razón de la pregunta. Preguntas como las de Arquímedes, Herón,  G. Galilei, I. Newton o A. Einstein que dieron lugar a la Ciencia Física. Cuestiones acerca de la vida como las de G. W. Leibniz, Ch. Darwin, G. J. Mendel que generaron la Biología. Interrogantes desde Aristóteles, G. Childe, M. Harris o C. L. Strauss sobre la naturaleza humana dando nacimiento a la Antropología. Preguntas como las de L. Hervás y Panduro, W. Humboldt, R. Jacobson, N. S. Trubetzkoy, F. Saussure o N. Chomsky sobre el lenguaje humano para alumbrar la Lingüística. Y la búsqueda de razones económicas  por T. de Mercado, Cellorigo, W. Petty, Quesnay, A. Smith, D. Ricardo, C. Marx  o J. M. Keynes que culminaron con la puesta en marcha de la Ciencia Económica.

Es la historia de la andadura humana. La historia inagotable de las preguntas y la historia de la búsqueda ininterrumpida de respuestas para dar cuenta y razón de la red de relaciones en que nos encontramos.

Curiosamente, ninguna ciencia ha aparecido para dar cuenta y razón del primer susto: eso de “saberse” aquí en el mundo. Y, ¿cómo preguntar con sentido por qué está el mundo ahí, si la toma de conciencia de que el mundo es no tiene estructura de pregunta, sino de encuentro, de descubrimiento, de visión rotunda, de estremecimiento?

La pregunta que, desde esta experiencia original, podría gestarse es más bien trascendental, en la medida en que, si bien la pregunta se hace desde este mundo y la hace un ser de este mundo, sin embargo no tiene respuesta intramundana, pues sobrepasa al mundo mismo: “Pourquoy il y a plustôt quelque chose que rien? Car le rien est plus simple et plus facile que quelque chose” (¿Por qué hay más bien algo que nada?, dado que es más simple y más fácil la nada que cualquier cosa) ( G. W. Leibniz: G.phil.VI, pág. 602)

Curioso: se dice fácilmente que la nada es más fácil que el ser o, dicho de otra manera, que es más fácil pensar que nada es a pensar que hay algo y no nos percatamos que, al hablar así, le estamos dando a la nada un artículo determinado y una sustantividad decisiva. Decimos ser más fácil la nada que el ser, como si la nada fuese “tan poca cosa” que ni preguntas generara, pero ni ha sido ese el caso a través de la historia ni tiene por qué serlo nunca, pues basta nombrar la nada para que adquiera existencia hasta llegar a producir obras literarias y filosóficas como aquella de J. P. Sartre sobre El Ser y la Nada. Por no olvidar las referencias continuas que se ven obligados a hacer cuantos sugieren actos creadores de la nada o desde la nada, creyendo que lo que dicen tiene algún sentido. Por más que lo intenten, la nada aparece siempre como lo otro del ser, como su sombra y, a veces, como su matriz generadora, ¡que ya es decir! ¿Será esto lo que quería decir Lao Tse?: “Es sólo en el Vacío donde se halla lo que es verdaderamente esencial…Es el Vacío que hay en el interior de las vasijas lo que hace que las vasijas puedan utilizarse…Por eso, el Ser es de utilidad, pero es el No-Ser lo que hace que el ser pueda utilizarse”.

La nada, otro asunto que nos asombra, tanto como nos asombra que el mundo sea y que, por ello, quizás sea también una expresión de lo místico, ¿de lo indecible? ¿Acaso lo que estamos diciendo es como no decir nada?

Solemos ir a la búsqueda de la nada vaciando poco a poco el cajón de sastre en el que vemos recogidas todas las cosas y tratando, al final, de deshacernos también del cajón para lograr el vacío total, la nada absoluta alrededor de nosotros. Pero resulta que ahí estamos nosotros como último estorbo negando la nada absoluta, la nada de verdad, porque el que piensa no puede pensar la nada eliminándose a sí mismo y dejando de pensar, aunque sería en ese preciso momento y no antes cuando la nada sería nada.

Es el asombro que corre por el espinazo de los mitos y aparece y reaparece en multitud de culturas cuando buscan sus orígenes. Me quedo con las palabras de Lao Tsé: “Hay algo misterioso y solitario que fue antes del Cielo y la Tierra. Es inmutable e Inaprensible. Es la unidad y el vacío. Recorre un Círculo  eternamente  y es inagotable, por lo que se le puede llamar ‘la madre de todas las cosas’. Yo no sé su nombre, pero hago un esfuerzo y le llamo Tao”.

¿….? ¡…!

27 octubre 2010 Posted by | Uncategorized | Deja un comentario

NO ES LA GENTE, ES EL PODER

 

Sigo sin poder aceptar los modos de hacer política en España. Creo que aún no hemos salido de la precariedad política de la que venimos los españoles después de tantos años de arbitrariedad. Treinta años no pueden restañar los siglos de ausencia de vida ciudadana participativa.

Hemos comenzado a poder elegir en libertad apenas hace treinta años, pero no nos hemos dado cuenta de lo que significa ganar o perder unas elecciones. Como niños mal educados y presuntuosos que en el juego no saben ganar y perder con elegancia, despreciamos la opinión de las mayorías, cuando de acatar sus decisiones se trata.

Así, se supone que, en buena y limpia lid, el partido que gana unas elecciones debe cumplir sus promesas y programas electorales, porque así se lo pide la mayoría de un país. Y se lo pide la mayoría, por lo que las minorías (y ahí se incluye toda la “oposición” por muchos votos que haya conseguido) deberían someterse a la decisión mayoritaria. La mayoría del país pide y exige que se lleve a cabo el programa vencedor.

Y se le dan cuatro años de gracia, para que procure cumplirlo. Cuatro años  en los que la llamada “oposición” cumpliría bien con su trabajo y su responsabilidad, tomando por la palabra al Gobierno, controlándolo, exigiéndole el fiel cumplimiento de lo prometido y sancionado por las urnas.

Pero la oposición no hace esto. En lugar de controlar, la oposición, desde el primer día del nuevo Gobierno, inicia de hecho la siguiente campaña electoral y va poniendo cuantas zancadillas sean posibles para obstaculizar la gestión del Ejecutivo y para derribarlo antes de los cuatro años si se da la oportunidad. Acoso y derribo es la táctica con la que día y noche trabaja la oposición, despreciando la decisión de las mayorías, pues se piensa que cualquier concesión que se haga al Gobierno, cualquier acuerdo, cualquier opinión favorable a alguna de sus acciones será entendida como debilidad y llevará a la pérdida de votos y al retraso de  la deseada, soñada y por todos los medios pretendida subida al poder. La oposición en España no busca controlar al Gobierno y ayudarle en cuanto sea razonable, sino llegar cuanto antes a la Moncloa.

Algunos hablan de la Transición en pasado para referirse a aquellos finales de los setenta e inicios de los ochenta del siglo XX, pero se equivocan, porque seguimos transitando y no muy deprisa por épocas de muy bajo nivel de vida política ciudadana y con no pocos problemas del pasado sin resolver. Venimos aún, como diría Machado,  “de aquella España que pasó y no ha sido”.

El grado de encono entre los partidos políticos, su falta de reconocimiento mutuo en lo que sea positivo, su alejamiento de la vida corriente del ciudadano indica que se sigue proyectando negativamente la sombra de la Guerra Civil y no deja que esta alargada transición lleve por fin a otra etapa en la que Gobierno y oposición, partidos de izquierdas y de derechas entiendan la acción política no como lucha para acceder a la Moncloa, sino como ejercicio falible y alternable de construcción de ciudadanía y búsqueda del bienestar social.

3 agosto 2010 Posted by | Uncategorized | Deja un comentario