Prosa del mundo

Augusto Serrano López

NO ES LA GENTE, ES EL PODER

 

Sigo sin poder aceptar los modos de hacer política en España. Creo que aún no hemos salido de la precariedad política de la que venimos los españoles después de tantos años de arbitrariedad. Treinta años no pueden restañar los siglos de ausencia de vida ciudadana participativa.

Hemos comenzado a poder elegir en libertad apenas hace treinta años, pero no nos hemos dado cuenta de lo que significa ganar o perder unas elecciones. Como niños mal educados y presuntuosos que en el juego no saben ganar y perder con elegancia, despreciamos la opinión de las mayorías, cuando de acatar sus decisiones se trata.

Así, se supone que, en buena y limpia lid, el partido que gana unas elecciones debe cumplir sus promesas y programas electorales, porque así se lo pide la mayoría de un país. Y se lo pide la mayoría, por lo que las minorías (y ahí se incluye toda la “oposición” por muchos votos que haya conseguido) deberían someterse a la decisión mayoritaria. La mayoría del país pide y exige que se lleve a cabo el programa vencedor.

Y se le dan cuatro años de gracia, para que procure cumplirlo. Cuatro años  en los que la llamada “oposición” cumpliría bien con su trabajo y su responsabilidad, tomando por la palabra al Gobierno, controlándolo, exigiéndole el fiel cumplimiento de lo prometido y sancionado por las urnas.

Pero la oposición no hace esto. En lugar de controlar, la oposición, desde el primer día del nuevo Gobierno, inicia de hecho la siguiente campaña electoral y va poniendo cuantas zancadillas sean posibles para obstaculizar la gestión del Ejecutivo y para derribarlo antes de los cuatro años si se da la oportunidad. Acoso y derribo es la táctica con la que día y noche trabaja la oposición, despreciando la decisión de las mayorías, pues se piensa que cualquier concesión que se haga al Gobierno, cualquier acuerdo, cualquier opinión favorable a alguna de sus acciones será entendida como debilidad y llevará a la pérdida de votos y al retraso de  la deseada, soñada y por todos los medios pretendida subida al poder. La oposición en España no busca controlar al Gobierno y ayudarle en cuanto sea razonable, sino llegar cuanto antes a la Moncloa.

Algunos hablan de la Transición en pasado para referirse a aquellos finales de los setenta e inicios de los ochenta del siglo XX, pero se equivocan, porque seguimos transitando y no muy deprisa por épocas de muy bajo nivel de vida política ciudadana y con no pocos problemas del pasado sin resolver. Venimos aún, como diría Machado,  “de aquella España que pasó y no ha sido”.

El grado de encono entre los partidos políticos, su falta de reconocimiento mutuo en lo que sea positivo, su alejamiento de la vida corriente del ciudadano indica que se sigue proyectando negativamente la sombra de la Guerra Civil y no deja que esta alargada transición lleve por fin a otra etapa en la que Gobierno y oposición, partidos de izquierdas y de derechas entiendan la acción política no como lucha para acceder a la Moncloa, sino como ejercicio falible y alternable de construcción de ciudadanía y búsqueda del bienestar social.

3 agosto 2010 Posted by | Uncategorized | Deja un comentario