Prosa del mundo

Augusto Serrano López

el despiste de la izquierda

 

EL DESPISTE DE LA IZQUIERDA

¿Y qué importa errar lo menos, si acertó lo demás?, decía el Rey sobre la acción del Alcalde de Zalamea. Pero, ¿qué decir de un Gobierno socialista, cuando acierta en lo menos, pero yerra en lo demás?

Hace unos días, Joseph Ramoneda (en El País) le echaba en cara, con razón, al gobierno de Zapatero el haber perdido hasta los más elementales sentidos del socialismo y de la izquierda, al tratar de presentar timoratamente medidas de tono social legítimas y necesarias como la protección a los desempleados o la atención a la inmigración con argumentos de derechas, en lugar de señalar contra viento y marea que es asunto de elemental justicia social lo uno y de elemental humanidad lo otro o al no criticar los sobresueldos de los banqueros por ser una ignominia injusta ahora y siempre, sin importar si se está en crisis o no.

Pero el despiste ideológico es de mayor calado aún si cabe.

Yo diría que la argumentación central del deshilachado programa de gobierno que le va quedando al PSOE por tener que ir pactando con tan diferentes fuerzas políticas va encaminada a justificarse frente al capitalismo más clásico, como pidiendo comprensión por lo que se hace que, aunque se proclama que persigue reconvertir el modelo económico que nos llevó a la crisis, de hecho, intenta volver cuanto antes a los niveles de crecimiento anteriores a la crisis. La luz al final del túnel se vislumbra como la vuelta a los años pasados y los “brotes verdes” son un barrunto de lo ya conocido. No hay una postura clara y valiente de izquierda. El discurso oficial del Gobierno oculta en su ambiguo lenguaje los fines capitalistas clásicos a los que va dirigida  la acción política. Por eso coinciden casi en todo Merkel, Sarkocy y Zapatero.

No es posible cambiar el modelo capitalista que nos agobia y que nos ha arrastrado hasta la situación actual, sin comenzar a cambiar sus cimientos.

No se trata de superar la ley del valor o de anular el mercado (eso sería revolucionario), sino de intentar subordinar sus tendencias a la voluntad de los agentes y, ante todo, se trataría de subordinar las grandes fuerzas de la producción y del mercado a fines sociales de los llamados sostenibles, esto es, aquellos fines que buscan la justicia social y la recreación inteligente de la naturaleza. Exige la presencia activa de los Gobiernos, porque no se puede dejar la suerte del planeta Tierra en manos del mercado.

Que esto exige nuevas tecnologías, nuevo sentido de crecimiento económico, nuevos modos de participación política ciudadana y nuevas fuentes de energía se suele proclamar, pero no parece que con mucho convencimiento, pues, de lo contrario, los presupuestos del Estado nunca tratarían de ahorrar en Educación, en Investigación, en Desarrollo o en Innovación como parece que se pretende hacer este año.

Salir en auxilio de los bancos con dinero público, sin exigirles con todo rigor contrapartidas sociales; animar con dinero público la compraventa de más y más automóviles contradiciendo la preocupación que se dice tener por el cambio climático; buscar a como dé lugar el crecimiento económico basado, de hecho, en las mismas líneas de producción, cambio y consumo que nos llevaron a la crisis exhibe un despiste ideológico de muchos quilates. Es como trabajar bajo la certeza de que no hay alternativa.

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2 agosto 2010 - Posted by | Uncategorized

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