Prosa del mundo

Augusto Serrano López

nunca llegarás al norte

Si fuese cierto, a decir de algunos grandes lingüistas, que lejos de ser nosotros los que gobernamos la lengua materna, “es la lengua la que nos habla”, entonces estamos apañados. Porque resulta que esa lengua materna en multitud de temas, quizás por esa misma supuesta autonomía, nos enreda en paradojas, algunas realmente sorprendentes por su calado y por su aparente naturalidad. Véanse, si no, algunos de los giros que puede tomar el verbo “orientarse”.

Desde la escuela primaria sabemos que es la Estrella Polar un hito celeste fundamental para guiar a los desorientados.

De la Estrella Polar (stella polaris) hablamos, la Kynosoura de los griegos, la Mismar de los árabes damasquinos y laGrahadhara de los hindúes que no es sino la estrella  αUrsae Minoris, la más brillante de la Osa Menor, la que señala al Norte como guía de marineros, mineros y caminantes.

Aunque, ¡cuidado!, que  en el hemisferio sur es la Cruz del Sur y no la Estrella Polar  la que orienta a los marineros y parece ser que orienta hacia el Polo Sur. Como la antigua brújula china cuya aguja en forma de pez apuntaba hacia el Sur.

Esto de orientarse por las estrellas no es cosa fácil de entender, porque el enredo lingüístico en este tema es de mucha envergadura.

Ex Oriente lux, del oriente la luz, se dijo algún día. ¿Por eso el Oriente como lugar al que mirar y hacia donde girar y de ahí el verbo “orientarse”? ¿Qué tuvo el Oriente durante mucho tiempo para atraer todas las miradas? ¿Simplemente porque por ahí nos salía el Sol?

El diccionario no nos aclara el tema. Más bien el DRAE mezcla los sentidos sin preocuparse por la paradoja. Así dice: “DESNORTARSE: perder el norte o dirección, desorientarse”. O lo que leemos en un texto sobre urbanismo: “Las ventanas orientadas hacia el norte”. Es como si dijéramos: “subir la cuesta hacia abajo”. El verbo “orientarse” debería dar paso a “nortearse”, como se ve por el uso que ahora se le está dando y por la actual prepotencia del Polo Norte  sobre los otros rumbos de la rosa.

Ahora se suele decir que no hay que perder el norte para seguir “bien orientados” (¡ paradoja lingüística como las haya!).

¿Cuándo se habrá producido el cambio del punto cardinal para que sea el Norte y no el Oriente el punto general de referencia,  como cambio de “orientación”, pues antes había sido el Oriente hacia donde se dirigía la mirada?

Ha habido mapas norteados y mapas orientados y mapas sureados, dependiendo de qué punto cardinal se situaba arriba del mapa. Claro que esto llama a otro asunto de no menor trascendencia para entender el sentido de las palabras. Porque el rumbo elegido como preferente se situaba “arriba”, que suele ser también la parte “preferente” del mapa. ¡Carajo con los significados connotativos de las palabras! ¡Y luego dicen que son inocentes palabras!

 Porque eso de colocar un punto cardinal u otro “arriba” no era ni es cosa baladí, pues resulta que “arriba” y “abajo” también se han convertido en “lugares” ideológicamente plenos de connotaciones  positivas (“arriba”: el Cielo, lo sublime, lo elevado, lo alto, los altos ideales, lo cimero, la cumbre, en fin el NORTE) o negativas (“abajo” el Infierno, lo terrestre, lo rastrero, lo pesado y sucio, lo bajo, los bajos instintos, esto es, el SUR), como lo son la “izquierda” (sinistra- allá donde van los condenados en el juicio final-, siniestro, zurdo, torcido, no fiable) y la “derecha”(dextra- allá donde van los elegidos en el juicio final, ir por lo derecho, por lo legal, sin tapujos, de modo fiable). ¡Y todo esto en una Tierra que es redonda y esférica y en un universo que, de hecho y por su misma estructura, no tiene ni puede tener ni arriba ni abajo, ni derecha ni izquierda! ¿Cómo ha podido diseccionar nuestra cultura el mundo para llegar a valorarlo de estas maneras? ¿Qué mecanismos ha desarrollado nuestro cerebro para llegar a estas consideraciones?

¿Y cómo llegar al Norte si, para ello, hay que saber “orientarse”?

¿No será la paradoja lingüística un reflejo del lío en que se mete quien decide la marcha hacia el Norte? ¿De verdad está bien orientado quien se decide a la larga y penosa marcha hacia el Norte, si el Norte, de hecho, ni geográficamente ni socialmente ni económicamente es un punto fijo, como no lo es la estrella α Ursae Minoris que ha sustituido a otras estrellas anteriores y será también sustituida por otras venideras?

El Norte por el que tanta gente suspira y por llegar al cual tantos perecen es una utopía: nunca cumple con las expectativas de quien se mete en una patera o asalta un tren de mercancías y expone su vida para llegar a él. Lo que se suelen encontrar quienes arriban a sus costas es un nuevo Sur tan descorazonado o más que el que dejaron.

Desorientados o desnortados, aunque vayan hacia el Norte, caminan muchos seres humanos a la deriva por no saber bien lo que les espera al final del camino y, ante todo, porque ese Norte por el que se arriesgan se ha cerrado con muros, alambradas y leyes.

¿Andará bien orientado quien se dirige al Norte? 

Anuncios

26 junio 2009 - Posted by | Uncategorized

Aún no hay comentarios.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: