Prosa del mundo

Augusto Serrano López

El señor mercado

CUANDO LO HUMANO SE HACE NATURALEZA

 

 

El ser humano, decían Vico y después Wittgenstein, sólo domina de verdad lo que es totalmente obra suya.

Quizás convenga recordar para ello el trabajo del artista que, consciente de su obra desde el momento de su proyección y dueño de los materiales para realizarla, se toma su tiempo y sus modalidades para llevarla a cabo en plenitud y luego se recrea en ella al contemplarla. Ideal que recoge a la perfección aquella definición del trabajo humano que deja como de paso Carlos Marx al inicio del V capítulo de El Capital: el trabajo humano como “el proceso en que éste realiza, regula y controla mediante su propia acción su intercambio de materias con la naturaleza…y, al mismo tiempo realiza en ella su fin, fin que él sabe que rige como una ley las modalidades de su actuación…”.

¿Lo será así siempre?

¡Qué más obra del ser humano puede haber que la red de relaciones que él y sólo él va tejiendo en la medida en la que crea ese lado de la vida que llamamos el mercado! Porque el mercado es plenamente obra suya (todos los mercados, también y sobre todo el mercado financiero) y, que sepamos, no tiene ni un gramo de naturaleza ni es imaginable sin la presencia humana.

Y, sin embargo y a la vista de lo que en estos días estamos viviendo, ¿podríamos imaginar realidad más enrevesada, compleja, oscura, irracional, descontrolada, veleidosa, caprichosa, amenazante, determinante e independiente de la voluntad de sus propios agentes que el propio mercado?

¿Qué tipo de realidad ha creado el ser humano al crear el mercado, esa red de relaciones que se le ha independizado y opera sin su conocimiento y sin su voluntad?

Si algo nos confunde y nos infunde terror ahora no es tanto el poderío que estas relaciones mercantiles tengan sobre nosotros, que ya es decir, cuanto el desconocimiento que de ellas tenemos. Se trata de fuerzas sociales que hemos desatado y que actúan sobre nosotros con tanta o mayor ceguera y opacidad que las fuerzas del terremoto o del huracán.

Como el aprendiz de brujo al que se le escapa el genio de la botella, hemos venido generando relaciones sociales (¡porque sociales son!) que han cobrado vida propia y se rebelan contra nosotros sin dejarnos apenas tiempo para ver de dónde nos vienen los golpes, tal es su ritmo y su potencia.

¿Todavía hay quien pretenda dejar las cosas humanas a merced de la mano invisible del mercado?

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26 junio 2009 - Posted by | Uncategorized

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