Prosa del mundo

Augusto Serrano López

¿VOLVER A CRECER?

 

¿Por qué se cree que la crisis la habremos superado cuando volvamos a crecer y crecer y crecer en lo mismo y de lo mismo?  Se habla de “brotes verdes” cuando aumenta otra vez la producción y venta de automóviles, cuando aumenta otra vez la venta de viviendas, cuando aumenta otra vez la concesión de créditos bancarios. Los bancos están otra vez exhibiendo ganancias millonarias, la bolsa comienza a jugar en el riego, como con las pymes,  ahora con los sistemas de pensiones, esperando que los pensionistas se mueran cuanto antes para lograr ganancias estratosféricas.

¿Crecer para superar la crisis? ¿Acaso no surgió la crisis de un momento de crecimiento inédito por su magnitud? El despliegue económico asombroso de los “Tigres de Asia”, las tasas del doce por ciento del crecimiento de China, las de la India, las de Brasil y hasta las de la misma España. ¿Habiendo otra vez niveles bajos de desempleo, sin importar en qué estarán ocupados los millones de trabajadores, habremos superado ya la crisis? ¿Produciendo otra vez automóviles y polución y armas y petróleo y gas y viviendas y carreteras sin cuento…?

¿Qué forma de reproducción de la vida es ésta que se cree insuperable en la medida en que no concibe otra salida de su estancamiento que la de volver a hacer lo mismo y en los mismos o mayores ritmos y niveles?

“No lo saben, pero lo hacen”. Lo decía hace más de un siglo Carlos Marx. Y seguimos sin saber lo que hacemos ni por qué lo hacemos. Pero comenzamos a percibir que lo que se hace y los modos como se hace no dependen de nuestras voluntades, sino que hay algo así como una fuerza todopoderosa que nos arrastra a todos, naciones, gobiernos, empresas, familias a seguir estas formas de vida como si no hubiera alternativa.

¿Habrá mayor crisis que ésta?

Hay, por tanto, crisis, pero no es sólo económica.

Sobre todos nosotros gravitan unas formas que son, obviamente obra nuestra, pero que se han independizado de nuestras voluntades y actúan como si tuvieran “el alma en el cuerpo”: como si tuvieran vida propia. No debe, pues, extrañarnos que nos sintamos desorientados y que ni con los más potentes saberes de todas las ciencias modernas, seamos capaces de dar cuenta y razón de lo que nos ha impulsado hasta la situación actual ni de lo que nos está pasando, mucho menos de otear el futuro que nos espera o de generar soluciones fiables y promisorias. Quizás, porque esas mismas ciencias se han visto absorbidas en su orientación, en sus fines, contenidos y sentidos por ese vendaval que tratan de entender.

El horizonte de sentido se ha estrechado tanto que parece sólo mostrar hacia un rincón del universo que, cual agujero negro, se lo tragara todo.

Era visible y audible hacia la mitad de 2008 el vendaval económico que se cernía sobre España. El derrumbe de bancos e inmobiliarias retumbaba por todo el planeta y arrastraba consigo las otras mil dimensiones de la vida.

Pero le hemos dado la vuelta al calendario y, a más de doce meses de recesión, la desorientación es mayúscula, las opiniones sobre la situación son de lo más confuso y peregrino y la falta de soluciones argumentadas y fiables causa temor y templor.

No hay argumentación seria a la hora de opinar sobre la crisis. Cualquiera llega a los programas de radio y televisión o entra en las páginas de los periódicos para  decir lo que se le ocurre, sin otro aval teórico que su parecer particular (“yo – dice aquél- no soy economista ni experto en nada de esto, pero a mi me parece que la culpa la tiene Zapatero (o la Merkel o Sarkocy), por no haber tomado al toro por los cuernos a tiempo…”. Y se queda tan ancho y recibe su cheque por las tonterías que acaba de derrochar en público). En lugar de señalar razones, se personalizan culpas, como si en estos menesteres de la economía mundial hubiera una sola persona o un  gobierno tan fuerte que pudiera gobernar las situaciones. De hecho, se está dando por sentado que estas formas de vida se han salido ahora del cauce, pero que, en sí, no son malas; que se puede arreglar el capitalismo con sólo controlar ciertos excesos (Sarkocy dixit). En todo caso, si se acusa a Zapatero, por ejemplo, de no haber evitado la crisis o no saber salir de ella, se piensa (aunque no lo digan) que no es tanto por haber querido enmendarle la plana al sistema capitalista (al tratar de cuidar los programas de atención social), sino por no haber sido capitalista hasta las últimas consecuencias.

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